
11. marionetas
y vivencias
Tras este período de una cierta decadencia artística
, de pronto, lo que parecía un rumbo negativo
sin vuelta atrás toma otra dirección,
y realiza dos películas que son un resumen lúcido
de sus conceptos sobre la vida y el cine. Se trata de
De la vida de las marionetas
(1980) y, sobre todo, de Fanny
y Alexander (1982)
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| De
la vida de las marionetas (1980) |
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El propio título De
la vida de las marionetas, nos lleva a pensar
en una representación. Los personajes son manipulados
por el director como él quiere, para presentarnos
y analizar el retrato del asesino de una prostituta
en un hecho sin sentido que se transforma al final en
un hecho de libertad individual, de ruptura de ataduras.
La película está realizada en blanco y
negro pero comienza con la exposición del pánico
de la muerte en colores violentos al principio y termina
también en color, una vez conocida la realidad
de los motivos.
A lo largo de la misma aparecen cuestiones de despojamiento
de identidad, el de las marionetas manejadas por unos
hilos ajenas a ellas, donde la personalidad se diluye
hasta desaparecer en su entorno y en las relaciones
con los demás. La individualidad desaparece hasta
necesitar un acto que reivindique la necesidad de dicha
individualidad.
Es un film pesimista donde la felicidad solo existe
en la imaginación o el sueño y siempre
es perecedera , como las relaciones de pareja. Las partes
más oscuras del ser humano salen a la luz a través
de entrevistas y conversaciones, sucesión de
informes médicos y policiales, de una forma fría,
donde deja traslucir la inutilidad de la psiquiatría
para el conocimiento verdadero de las motivaciones humanas.
Es una buena película con una buena puesta en
escena, austera y seca, que, sin embargo, se ve limitada
por un cierto exceso de apoyo de Bergman en su realización,
que reduce el alcance de la obra.
Si De la vida de las marionetas
es una película árida y cercana a una
obra musical de cámara, Fanny
y Alexander es como una gran sinfonía,
incluso en su estructuración que, curiosamente
comienza con unas marionetas, como mostrando la continuación
en otros términos, radicalmente distintos en
cuanto a forma, de la obra anterior.
Constituye un gran fresco familiar con bastante contenido
autobiográfico. Es una exposición a lo
largo de las casi cinco horas y media de duración,
en diferentes capítulos, de los temas que el
director ha recorrido a lo largo de su obra y vida.
En la película caben referencias a varias de
sus anteriores obras. Aparecen, dramas, terrores, obsesiones,
incluso elementos de comedia –con recuerdos de
Sonrisas una noche de verano–
en la descarada despreocupación con que se desenvuelven
algunos personajes en su intento de seducción
durante momentos de la fiesta familiar.
El comienzo del film, tras el prólogo, reproduce
esa fiesta, y aprovecha para ahondar en el conocimiento
tanto del grupo familiar y sus relaciones entre ellos
como de cada uno de los individuos que componen el grupo,
en esta especie de historia coral que constituye toda
la primera parte, aunque centrada y filtrada por la
visión que de ella tienen los ojos más
inocentes de los niños. La aparición,
fascinante para Alexander, de la linterna mágica
(titulo también de uno de los libros escritos
por Bergman) dota al episodio de un contenido reflexivo
sobre la dicotomía teatro/cine que ha constituido
la experiencia artística del director a lo largo
de toda su vida.
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| Fanny
y Alexander (1982) |
La presencia de la muerte y de la decadencia a lo largo
de los diferentes episodios que constituyen la película,
son objeto de diversos momentos capitales, uno de ellos,
y el más importante, es la larga la agonía
y muerte del padre tras la representación teatral,
que constituye todo un apartado del film, en el que
muestra uniéndolas algunas de sus principales
inquietudes temáticas, la representación,
el dolor y la muerte.
Tras la difícil peripecia que supone para el
niño el cambio de un padre extrovertido y amable
que tiene en el teatro y en la representación
su forma de vida por un padrastro hosco, lleno de prohibiciones,
de ascetismo y de malos tratos, se plantea al espectador
la posibilidad de escape que da la imaginación
como medio de superar los miedos reales de la propia
vida. Esta imaginación o subjetividad se muestra
en la pantalla sin solución de continuidad con
los hechos reales, como ya es habitual en Bergman desde
sus primeras películas importantes, poniendo
en el mismo plano ambas realidades.
Todos estos elementos son expuestos a lo largo de la
película con gran fluidez, permitiendo que el
espectador interiorice las preocupaciones expuestas
sin necesidad de resaltarlas. La contraposición
de las asociaciones teatro/alegría con religión/tristeza,
en el recorrido vital de los niños protagonistas
es fundamental para comprender la situación espiritual
de un director que, a lo largo de su obra, ha recorrido
fases muy diferenciadas en su actitud ante la muerte
y ante su propia obra.
Al comienzo Alexander, trasunto posible de Bergman,
juega con las marionetas en un teatro, como el propio
director maneja a los actores y con ellos a los espectadores.
Posteriormente descubre la representación de
la linterna mágica que constituye una novedad
en su forma de ver las cosas. Más adelante tras
un período de oscuridad y tristeza es la pretendida
magia del amante de su abuela la que permite al protagonista
librarse de la negrura que su padrastro ha introducido
en su vida. Al final la madre abre de nuevo el teatro
para representar El sueño de Strindberg.
El ciclo artístico/vital del niño/autor
se ha cerrado.
La presencia de un Gunnar Bjornstrand enfermo de cáncer
avanzado, que moriría pocos meses después,
realizando un esfuerzo para interpretar el film parece
como una metáfora de lo que el director quiere
exponernos, la importancia de la representación
ante la inevitable muerte.
Una grandísima película que constituye
todo un resumen de la obra del realizador.
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