trendesombras.com Num #0 - Septiembre 2003

"Siempre tengo muchos sueños cuando duermo. Estos sueños son siempre sobre el futuro. En mis sueños el futuro siempre es esperanzador. Un futuro rebosante de paz y esperanza. Así que siempre me ha gustado dormir".

Históricamente, la llegada de un nuevo milenio ha sido siempre, en mayor o menor medida, dramática. Y ha sido a las puertas del siglo XXI cuando ha surgido una serie de realizadores que han intentado, algunos con mayor fortuna que otros, retratar la juventud a la que pertenecen o a la que observan.

En un momento en el que el mundo parece dejar como herencia a los jóvenes guerras en cada continente, tribus urbanas a las que adherirse, generaciones X, Y, o W con las que identificarse o necesidades consumistas absurdas a las que engancharse, no es extraño que se encuentren desorientados. Máxime en Japón, el único país que ha vivido los efectos de una bomba atómica, la bonanza económica de la posguerra y la recesión de estos últimos años.

Cineastas como Todd Solonz, Larry Clark y Mike Leigh en occidente o Wong Kar-wai y Hou Hsiao-hsien en oriente (entre muchos otros) han intentado retratar la problemática de los jóvenes, cada uno desde su punto de vista.

En la película que nos ocupa, Kurosawa (49 años) desmonta el tópico de la incomprensión adulta de los problemas de la juventud y sigue, con un acercamiento cercano al documental, a Nimura (Jô Odagiri) y Mamoru (Tadanobu Asano) por la gran ciudad de Tokyo: dos jóvenes desorientados, perdidos en su vida, que sobreviven trabajando a media jornada en una lavandería de los suburbios. La única preocupación de Mamoru es garantizar la supervivencia de una delicada medusa roja, a la que cuida con total dedicación. Nimura parece ser una mera comparsa de Mamoru. Un día el jefe de la lavandería aparece asesinado y todos los indicios apuntan como responsable a Mamoru, quien es encarcelado y sentenciado a pena de muerte. Entra en escena Shin-ichiro (Tatsuya Fuji, protagonista de El imperio de los sentidos), padre de Mamoru, quien encontrará en Nimura el hijo que ha recuperado cuando ya era demasiado tarde. Ambos iniciarán un camino de mutuo acercamiento en el que la distancia generacional se verá transformada poco a poco en una relación paterno-filial.

Resulta curioso ese claro homenaje a La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1971. Stanley Kubrick) que aparece reflejado en la pandilla de vándalos de cuyas andanzas se muestran pinceladas a lo largo de la película. Al igual que los compañeros de Alex (Malcolm McDowell) en la película de Kubrick, estos visten de blanco. Pero ni son la mitad de vándalos, ni tienen un modelo a seguir… como no sea ese Che Guevara que visten en las camisetas, que es más un icono de moda (similar a otro icono reciente, el toro de Osborne en la camiseta de otro Alex, el protagonista de Elephant [2003. Gus van Sant], curiosamente un retrato de la juventud norteamericana) que un modelo ideológico.

Pero lo que verdaderamente me asombra de Kurosawa es su capacidad para transformar una película de género en una reflexión personal sobre los temas que le preocupan. En Cure (Kyua, 1997) convertía un thriller policíaco en una reflexión sobre la soledad; en Pulse (Kaïro, 2001), mediante una historia clásica de fantasmas, planteaba los problemas del aislamiento y la incomunicación de las personas. Esta vez en una película que se escapa a cualquier intento de encajonamiento en un género concreto, realiza una visión –optimista a fin de cuentas– sobre el futuro de la juventud.

Una juventud que, como la medusa cuasi protagonista de la película, se encuentra en un difícil periodo de adaptación a un hábitat peligroso y hostil. Pero que tiene una luz de esperanza en el futuro, como revelarán los sueños premonitorios de Mamoru.

La esperanza le llegará a Nimura a través de la medusa de Mamoru (pues éste es el alma perdida, el precio a pagar para la salvación de Nimura, el que acaba madurando por necesidad, cuando ya es demasiado tarde). Por primera vez tendrá una responsabilidad seria (más allá de no estropear una prenda en la lavadora), pues la medusa (al igual que los jóvenes) necesita unos cuidados especiales, atención constante y un periodo de adaptación al mundo.

Y en esa adaptación al mundo, Nimura encuentra –involuntariamente– ayuda en Shin-ichiro quien de alguna forma intentará redimir su parte de culpa en la destrucción social de Mamoru (al no evitar su alejamiento tanto del hogar familiar como de la sociedad en general), ayudando a Nimura a encontrar su lugar en el mundo.

Hay veces que al analizar una película encontramos señales donde no las hay, o realizamos dobles lecturas de secuencias que ni estaban en el guión ni en la cabeza del guionista, pero hay una escena que encuentro reveladora hacia la mitad de la cinta. Es el momento en el que Shin-ichiro apadrina a Mamoru y le lleva a trabajar en el taller. Intentan arreglar un viejo televisor que no consiguen sintonizar. En castellano el verbo sintonizar no sólo se aplica a los televisores, sino que describe el estado en el que se encuentran dos personas que se comprenden. Y está claro que Shin-ichiro y Mamoru no sintonizan, hay una distancia generacional que se lo impide.

Será la medusa, la que siempre se anticipe en la historia (es la primera en intentar atacar al jefe de Nimura y Mamoru), la primera en conectar con el mundo eliminando los componentes letales de su veneno de tal forma que las personas a las que pica no sólo no mueren, sino que se recuperan a los pocos días. Y como la medusa, Mamoru realizará un proceso de aprendizaje mediante el cual su acercamiento a Shin-ichiro será total iniciándose al final de la película un proceso de apadrinamiento que se da por hecho concluirá como un proceso natural.

Una de las ventajas del sistema de rodaje de Kurosawa (rueda las películas en unos 15-20 días para abaratar costes) es la necesidad de planificación muy detallada de las escenas de la película, de tal forma que nos encontramos larguísimos planos secuencia, se evitan los diálogos plano/contraplano (lo que hace más rápido el proceso de montaje de la película y consume menos tiempo de posproducción). Incluso se permite el uso de la pantalla partida quizá con ánimo de subrayar la enorme distancia generacional que separa a Nimura y Shin-ichiro (pues la franja vertical negra que les separa es similar a un muro). El resultado final (tomas aéreas incluidas) está salpicado de escenas de enorme belleza visual (mi escena favorita tiene lugar al final de la película, con el río Sumida plagado de medusas que se han adaptado sin problemas al agua corriente). Y la esperanza de que la juventud, educada con sensatez, sea una lógica, pero acertada, apuesta de futuro.

© Fermín J. Martínez y trendesombras.com 2003

BRIGHT FUTURE
Por Fermín J. Martínez

Título original: Akarui Mirai
Título alternativo: Jellyfish Alert (Alerta por medusas)
Dirección, guión y montaje: Kiyoshi Kurosawa
Producción: 2003. Japón
Fotografía:
Takahide Shibanushi
Reparto: Jô Odagiri, Tadanobu Asano, Tatsuya Fuji, Takashi Sasano, Marumi Shiraishi