
"Ahí vienen los dos dioses”. Una de
las asistentes a la inauguración del seminario
El documental: la realidad y sus simulacros que
se celebró durante los meses de octubre y noviembre
de 2003 en el Centro Galego de Artes da Imaxe (CGAI) en
su sede coruñesa, resumía de ese modo la
expectación provocada por la presencia, en vivo
y en directo, de los dos representantes por excelencia
del cine de autor en España. El histórico
Víctor Erice (El espíritu
de la colmena, El sur,
El sol del membrillo)
y su reconocido epígono, José Luis Guerín
(Los motivos de Berta,
Innisfree, Tren
de sombras, En construcción)
fueron convocados para hablar de ese territorio aún
poco explorado que ofrecen las nuevas escrituras cinematográficas
encasilladas como no-ficción. Lo que sigue es un
resumen parcial de la charla que estos dos creadores de
mirada insobornable y lúcida mantuvieron ante un
público que siguió en silencio reverencial
más de dos horas y media de lección en torno
al cine, de hoy y de siempre.
– Guerín: «El documental
se ha convertido en ese perezoso cajón de sastre
donde se incluye todo ese mundo de escrituras que no
es estrictamente cine de ficción. Incluso hay
gente que cree que la diferencia esencial entre el cine
de ficción y el documental es que los que se
dedican a este último no trabajan, como si la
realidad se dejase capturar así, por las buenas…
Ahora todo lo incatalogable se denomina documental,
pero creo que eso cambiará dentro de unos años,
cuando aparezca otro pensamiento teórico».
– Erice: «A mí
me parece que en el cine documental hay ficción,
de la misma manera que en la ficción siempre
hay un aspecto documental. Sin embargo, se acepta la
convención según la cual una película
es un documental cuando las personas que aparecen en
las imágenes hacen y dicen cosas que no les han
obligado a hacer, como ocurre en una ficción,
y que generalmente no son actores. Pero yo no establecería
diferencias entre uno y otra, porque creo que la ficción
está en la mirada del que mira, que expresa una
subjetividad. El cineasta se expresa a través
de la forma que tiene de situarse con relación
a lo que quiere fotografiar, en la manera de encuadrar,
de contar. Y en ese sentido, desde sus orígenes,
el cine y el documental han ido de la mano».
La ficción se agota
– Guerín: «En cualquier
caso yo observo algo esperanzador, y es que ese caos,
todavía por definir, que representa el mundo
de escrituras de la no-ficción parece el único
espacio que aún no está agotado. Todavía
queda mucho por hacer. En cambio, el cine de género:
la comedia, el negro y demás está totalmente
agotado. Tuvo su esplendor en los años 30 o 40
pero se acabó».
– Erice: «Sí, pero
quizá más que de la muerte del cine cabría
hablar de que actualmente existen unas formas muy gastadas
de ficción, y en ese sentido, el documental podría
servir para nutrirlas de nuevo. Creo que el problema
del cine de hoy es que los realizadores no se paran
a observar, antes de hablar. En una ficción siempre
partimos de una visión previa de las cosas: el
cine moderno privilegia el rodaje y el montaje frente
a otras fases de la realización. Yo, ahora mismo,
me sitúo en una zona fronteriza de mestizaje
entre ficción y documental. A partir de El
sol del membrillo he realizado el viaje inverso.
Haciendo esa película me sentí como los
primeros cineastas, al margen del proceso industrial».
– Guerín: «En la
mayoría de las películas de ahora, si
hay pensamiento se circunscribe únicamente al
guión, que ejerce un despotismo cruel. Se piensa
en el guión, y después el rodaje y el
montaje se ejecutan metódicamente, como algo
ya previsto. No se deja nada al azar. En el cine industrial
pensar es un tabú, más allá del
guión. Por eso Chaplin es el mejor cineasta:
porque al final de su vida se podía permitir
el lujo de parar un rodaje para meterse en su roulotte
y repensarlo todo de nuevo. Lo suyo era un work
in progress en el que iba analizando la película
en la medida en la que ésta se iba rodando, y
si tenía que cambiar algo, incluso una actriz,
se hacía, aunque supusiera un retraso. Ésa
es la manera más natural de rodar».
– Erice: «Los cineastas
que hoy en el mundo trabajan en una dimensión
más interesante son los que hacen como si estuvieran
en su propio taller, igual que los pintores. Pero para
ello se deben afrontar proyectos en las condiciones
menos costosas posibles. Hay que ser casi un misionero,
desprenderse de todos los elementos innecesarios, huir
de toda exhibición tecnológica y quedarse
con lo esencial. A partir de ahí uno puede aproximarse
al tiempo de los pintores o escritores».
Los peligros de la tecnología
– Guerín: «Pienso
que las nuevas tecnologías han fomentado una
serie de recursos gratuitos…»
– Erice: «Yo no concibo
el cine más que como un medio de conocimiento,
de conocer algo que no sé de antemano, es una
experiencia total, una aventura en su sentido más
radical. Hay autopistas, en las que todo está
señalizado, y hay senderos, en los que lo verdaderamente
importante no es tanto el viaje como la deriva. Son
dos estrategias distintas que generan dos tipos de conocimiento
diferente. Para mí el cine ha sido una forma
de entrar en contacto con los demás, de tender
puentes: el problema es que esa ribera a la que queremos
llegar está ahora mismo ocupada por el enemigo».
– Guerín: «El cine
ha avanzado a partir de sus carencias, por eso el cine
norteamericano más interesante se encuentra en
la Serie B. Rara vez las grandes producciones americanas
han aportado algo interesante. En las Serie B se encontraban
las figuras en conflicto con la industria: muchas veces
tenían que trabajar con decorados incompletos,
y eso les obligaba a aportar soluciones extraordinariamente
creativas. La sugerencia, el poder de evocación
se encuentran ahí. El conflicto incita el lado
más creativo de los cineastas».
Masajes para el ojo
– Erice: «Ni siquiera
un director como Spielberg mantiene una coherencia visual,
el audiovisual es un magma estilístico, una contaminación
que ha empobrecido el lenguaje. Lo que se ofrece es
un masaje para el ojo. Las películas ahora van
a morir a la televisión, que es un sumidero.
El cine no existiría sin el apoyo financiero
de las televisiones. El problema es que quienes las
rigen son ejecutivos pendientes de la audiencia. Lo
que convirtió al cine en el gran arte popular
fue que los productores de Hollywood querían
hacer dinero, pero también les gustaba el cine.
En la actualidad eso ha cambiado: los que toman las
decisiones son ejecutivos sin ningún interés,
y los temas del cine vienen dados por la televisión».
– Guerín: «La puesta
en escena en estos momentos es banal, muy aburrida.
La tecnología debe estar al servicio del ser
humano. La democratización a veces conduce a
la vulgarización. La gente no conoce la memoria
cinematográfica. Ahora cualquier chaval se siente
capacitado para hacer un largo. Yo me encuentro con
alumnos que me presentan videos "rompedores"
en los que no entiendo nada. En literatura la gente
sabe quién es Homero, pero en cine no hay esos
referentes. No se enseña el cine de antes».
Un país sin tradición
– Erice: «El problema
es que España no tiene tradición cinematográfica.
El cine republicano desapareció con la Guerra
Civil, y Buñuel tuvo que exiliarse. El cine español
no ha pasado por la experiencia de la modernidad: no
hemos tenido una Nouvelle Vague o un Neorrealismo».
– Guerín: «Ahora
mismo es imposible hablar de nacionalidades en el cine».
– Erice: «En estos momentos
no se puede aglutinar a nadie, ni siquiera para defender
la llamada “excepción cultural”.
Todo el mundo está pendiente de asegurarse su
propia supervivencia. Vivimos unos tiempos muy duros,
pero el cine sigue teniendo la tarea de resistir. El
desarrollo tecnológico está permitiendo
abrir fisuras en el cuerpo cinematográfico, inaugurando
formas de creación que hasta ahora eran impensables.
Pero siendo cierto que el acceso a las nuevas tecnologías
abre posibilidades, hay que alertar sobre los peligros.
Cada innovación conlleva un aspecto negativo
si no se sabe usar».
– Guerín: «Dentro
de esas formas de escritura diferente se inscribirían
los trabajos de gente como Abbas Kiarostami, Pedro Costa…»
Industria vs. Arte
– Erice: «El problema
es que la industria hace todo lo posible por codificar
los campos y colocar todo intento de búsqueda,
de aventura, en un gueto. A través de los géneros
te dicen lo que se puede hacer, lo que es cine y lo
que no. Cuando yo presenté El
sol del membrillo a varios productores me dijeron
que eso no era una película. El gran problema
que tienen esos creadores que van contracorriente del
cine industrial es la tremenda batalla que ahora mismo
se está librando por el control de los medios
de difusión. EE.UU. ejerce un dominio hegemónico,
que tiene su correspondencia política. En la
actualidad, la formación de masas planetarias
se lleva a cabo a través de la televisión».
– Guerín: «La condición
actual del cineasta es la soledad…»
– Erice: «Somos epígonos
de algo en vías de desaparición, figuras
residuales. Yo comparto el aire crepuscular de Godard
cuando habla de la desaparición del cine. La
gente joven tiene que buscar su camino».
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