
03.
LA BELLEZA DEL MUNDO
Un instante de silencio. Una mirada al cielo, a la
tormenta que se está formando, antes de reanudar
la conversación.
No es habitual un plano así en el cine moderno.
Como urbanitas, hemos desterrado la naturaleza de nuestras
vidas y vivimos de espaldas a ella. Ya no sabemos ni
observarla ni mucho menos representarla de una manera
inocente. Nuestras películas transcurren en un
verano/primavera eterno, donde nada turba a los personajes,
donde las estaciones no cambian, donde no hace ni frío
ni calor.
Sin embargo, en esta serie, como en tantas otras de
anime, una mirada distraída revela el paso de
las nubes en el cielo, asistimos al comienzo y al final
de la lluvia, vemos nevar apaciblemente. La naturaleza
sigue su curso, ajena a nosotros y nuestros afanes,
pero influyendo siempre en nuestros sentimientos.
La luz también cambia, fresca por las mañanas,
cálida y lánguida por las tardes, dura
hacia el mediodía, gris en los días nublados,
limpia tras la lluvia. Al igual que la noche es distinta
en la soledad de las calles de como es en el interior
acogedor de los hogares. Al igual que la iluminación
difiere cuando se está bajo el dosel de un bosque
a cuando se permanece al borde del mar.
Ver plasmado todo lo anterior, sin que apenas llegues
a darte cuenta de ello, y contemplarlo en una serie
supuestamente comercial, no deja de ser conmovedor.
Porque las horas pasan, los días comienzan y
terminan, sin que el tiempo se detenga jamás.
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