
04.
COTIDIANEIDAD
Todos vivimos dos vidas. Primero está la vida
pública, la de nuestro trabajo y nuestras obligaciones,
aquélla que consume la mayor parte de nuestro
tiempo y a la que dedicamos casi todos nuestros pensamientos.
Luego tenemos nuestra vida privada, aquélla que
pensamos ser nuestra vida auténtica, pero que
se limita a los tiempos muertos que nos deja la otra.
Dos vidas distintas. Dos modos de vestir, el oficial
y el de estar por casa. Dos modos de actuar, la imagen
que muestras ante los que están por encima
o por debajo de ti, y la postura que adoptas cuando
nadie te ve o cuando sólo te acompañan
las personas en quien confías y a las que
amas. Dos esferas distintas, casi incomunicadas, que
esta serie logra plasmar casi a la perfección,
mostrándonos
a través de las ropas y del modo de actuar de
los personajes, qué distintos son los protagonistas
en el trabajo a cuando están en su casa.
Tiempos muertos. El anime está lleno de escenas
en las que los personajes van o vuelven al trabajo,
hacen la compra, dejan de trabajar para tomar un café,
comen juntos con la familia o toman una copa con los
compañeros del trabajo. No es extraño
este énfasis, porque es en esos instantes de
relajación, en esos tiempos muertos, cuando se
anudan las conversaciones, cuando se descubren los sentimientos.
Como ocurre en esta escena, en la que mediante una
banal conversación sobre gustos, descubrimos
como una relación entre dos personajes se está
volviendo cada vez más profunda... y un poco
más tarde, en otra comida, la misma conversación
nos mostrará como esa relación se ha roto.
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