
09.
racismo

Muchas veces al tratar este tema, se cae en el mismo
error que los propios racistas. Demasiadas veces el
hincapié se pone en la diferencia, se la hace
visible y se la señala, evitando que el público
se identifique con los que sufren, ya que ellos mismos,
los espectadores, son distintos.
En esta serie, el racismo existe, es uno de los temas
fundamentales, pero la “diferencia” no
es visible. Como el SIDA, esa diferencia se lleva
en la sangre y sólo un análisis puede
descubrirlo. Al contrario del SIDA, no hay grupos
de riesgo, no es posible decir de antemano quienes
son susceptibles de sufrirlo y quienes no. Al igual
que el SIDA, es posible adquirirlo y que alguien perfectamente
normal, alguien que amabas y en quien confiabas, se
convierta, de un día para otro, en uno de “ellos”.
Éste es un matiz fundamental. En la mayoría
de las obras que abordan el racismo, las posturas vienen
dadas, por un lado están los buenos, por otro
los malos, y ninguno de ellos cambia su opinión,
ni puede ser salvado. En esta serie ocurre lo contrario.
La idea preconcebida, aquella en que los personajes
han sido educados, es que los que tienen la sangre distinta
son los enemigos y que hay que acabar con ellos, puesto
que son unos monstruos. Así lo proclama la propaganda
oficial, como muestra el fotograma que adjuntamos.
Sin embargo, ya hemos dicho que la “diferencia”
puede adquirirse y, en un momento dado de la serie,
se descubrirá que varios de los personajes centrales
tienen esa “diferencia”. El drama surge
entonces en dos planos. Por una parte, la confusión
de la persona que formaba parte del mundo, que tenía
su camino trazado, y ahora está fuera de él,
enfrentado al odio y quizás a la muerte, sin
haber cometido ningún crimen. Por otra parte,
el dilema de aquellos que tienen que decidir qué
es más importante, si lo que sentían por
aquella persona o las ideas en que fueron educados.
Es en la descripción de estos dilemas, junto
con en el dolor y la duda que conllevan, que la serie
consigue que la tesis deje de ser abstracta, que pase
a convertirse en un sentimiento que podemos compartir,
puesto que nosotros también hemos cogido cariño
a esos personajes.
Desgraciadamente, nadie puede ayudar a nadie a elegir
el camino. Al final esa decisión, la de estar
o no del lado de la humanidad, se convierte en la única
diferencia que importa.
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