trendesombras.com Num #0 - Septiembre 2003

«La noche pasada estuve en el reino de las sombras... Todas las cosas —la tierra, los árboles, la gente, el agua y el aire— están imbuidas allí de un gris monótono. Rayos grises y, en los árboles, hojas de un gris ceniza. No es la vida sino su sombra, no es el movimiento sino su espectro luminoso […] Repentinamente se escucha un chasquido, todo se desvanece y aparece un tren en la pantalla […] Pero también éste es un tren de sombras».
Con estas palabras describía el poeta ruso Maxim Gorky la sorpresa y desorientación que le produjo el asistir a un programa de cortos de los Lumière entre los que se incluía La llegada de un tren a la ciudad (L’arrivée d'un train à la Ciotat, 1896). Más de cien años después, el espectador contemporáneo se ve ante la lastimosa obligación de tener que rescatar la capacidad de asombro perdida entre la reiteración y planitud de ciertas imágenes, de ciertas fórmulas, de cierto cine. Un espectador desarmado —a pesar del rico aunque desconocido acerbo cultural de más un siglo de imágenes— que observa la pantalla sin esperar que ésta le devuelva la mirada. [Tren de sombras]

EL GABINETE DEL DOCTOR CALIGARI (DAS KABINETT DES DOKTOR CALIGARI)
Dirigido por: Robert Wiene; Guión: Hans Janowitz Y Carl Mayer. Producción: 1920, Alemania, B/N; Reparto: Werner Krauss (Dr. Caligari), Conrad Veidt (Cesare), Friedrich Fehér (Francis), Lil Dagover (Jane).
Film seleccionado y comentado por César Combarros

De las cenizas de una Alemania rota, hundida en la oscuridad tras el final de la Gran Guerra, de sus mismas entrañas, surge regurgitado El gabinete del Doctor Caligari en 1920, un poema sobre las sombras construido a partir de sombras. En él se reflejan las tinieblas pasadas a la vez que augura con escalofriante exactitud la inminente llegada al poder de Hitler, con el beneplácito de su vampirizado pueblo. El siniestro prestidigitador, como Caligari, se revela capaz de crear una (diabólica) ilusión con su barraca de feria y de seducir a las masas con su poder hipnótico. Capaz de dar vida, de dar a luz, a su cruel vástago, y también de arrebatar esa vida según su voluntad. Todo un señor de las luces y de las sombras que sumerge a su entorno en una elipse de locura sin final posible. Sombras chinescas densas y pesadas que lastran el deambular vital de los protagonistas, que las arrastran por los inmortales diseños expresionistas (des)dibujados en el propio suelo de los decorados; sombras de vidas como la que, en alguna ocasión, vivió Cesare, antes de caer en manos de su diabólico dueño; como la de las propias víctimas del asesino, inertes ya de antemano, ignorantes del peligro que les acecha; sombras como la que se proyecta sobre la pared del cuarto donde el noctámbulo comete su primer crimen, en un plano sobrenatural, obvio inspirador de la secuencia más aplaudida del Nosferatu de Murnau; sombras de irrealidad para reflejar un mundo en decadencia, a través de sus intrincados e imposibles laberintos geométricos y espaciales. No hay resquicio posible para la luz en la razón, como tampoco lo hay en la naturaleza humana. Hobbes presente y la esperanza de la humanidad ausente en esta bella, sombría y reflexiva obra maestra del cine universal.

NOSFERATU EL VAMPIRO (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens)
Dirección: F. W. Murnau; Producción: 1922. Alemania. B/N.; Guión: Henrik Galeen; Fotografía: Günther Krampf y Fritz Arno Wagner; Reparto: Max Schreck, Gustav von Wangenheim, Greta Schröder.
Film seleccionado y comentado por Diego Marín


La eterna lucha entre el bien y el mal, vista en numerosas ocasiones, expresada por Murnau como una oposición entre la luz y la sombra. Culturalmente, el ser humano ha tenido la tendencia de asociar la oscuridad, las sombras y la noche con las fuerzas del mal, por el contrario la luz ha sido vista como el reverso positivo, el lugar dónde encontrar refugio, incluso como Dios. Murnau, trabaja el conflicto principal del filme con esta oposición luz-sombra. Para nuestra memoria cinematográfica queda el famoso plano de la sombra del Conde Orlock ascendiendo por las escaleras dispuesto a vampirizar a  Ellen. ¿En cuántos filmes posteriores hemos visto este recurso utilizado? Habría que estudiarlos uno a uno para comprobar si tienen sentido o se trata de una pura cuestión formal, sin fondo.
En la película de Murnau esta gran sombra posee muchísimo sentido, ya que es la sombra del príncipe de las tinieblas. Además Murnau se ha encargado durante todo el filme de trabajar esta asociación visual, por tanto no queda esa imagen huérfana en el conjunto de la película. Tan sólo debemos recordar la fantasmal presentación de la morada del Conde Orlock, ese castillo colocado a contraluz que aparece casi colgando en el vacío. La manera en la que Orlock vampiriza a Hutter en su propio castillo (una sombra le cubre por completo). La muerte del capitán del barco que traslada a Orlock a Wisborg, elidida mediante un fundido en negro que borra al capitán para abrir a continuación con un plano general del barco a contraluz, una figura negra en mitad del mar que expresa a la perfección quién controla el navío. Y por supuesto, la secuencia final: el sacrificio de Ellen por amor, la sombra de la mano de Orlock que se arrastra para arrancarle el corazón, la llegada de la luz con el amanecer y la destrucción del vampiro.

SOMBRAS (Schatten - Eine nÄchtliche Halluzination)
Dirección: Arthur Robison; Guión: Rudolph Schneider und Arthur Robison
Producción: 1923, Alemania; Reparto: Fritz Kortner, Ruth Weyher, Gustav Von Wangeheim, Alexander Granach, Eugen Rex, Max Gülstorff
Film seleccionado y comentado por Fernando da Galiza

Magnifica pelicula expresionista que reune todos los "experimentos" del lenguaje visual que caracterizó a este movimiento cinematográfico, en un alarde de ingenio y sorpresa. Las “sombras expresionistas” son las auténticas protagonistas de una historia que semeja una especie de opereta o cuento moral secundada por unos personajes variopintos, arquetipos clásicos del imaginario literario y cinematográfico. La historia gira en torno a un matrimonio burgués que da una fiesta en su mansión invitando a varios amigos, sorprendiéndonos, en primer lugar, lo lujurioso de la historia a desarrollar. La anfitriona es una auténtica vamp que no duda en flirtear con sus invitados a la menor ocasión, sin poner además demasiadas precauciones por su parte; el marido, que algo sospecha, tratará de obviar esas ciertas conductas licenciosas de su mujer... Aparece entonces en escena un "ilusionista", un feriante cuya especialidad son las sombras chinescas; es invitado a la fiesta, para que sus divertimentos entretengan a tan libertinos personajes. El ilusionista será pieza clave en la historia, pues al darse cuenta de los devaneos de la anfitriona, que ésta no se preocupa en ocultar, tratará de darles una lección... La pelicula utiliza diferentes caminos, la ilusión y la realidad, no diferenciando ninguna de las dos hasta su parte final sorprendiendo gratamente también la mezcla de tragedia y sentido del humor que van a partes iguales en la película jugando a desdramatizar las situaciones más comprometidas dándoles un cierto tono sarcástico. Como se ha comentado, Schatten posee una trama sorprendente, con giros y situaciones entre sus personajes que no nos esperamos y en dónde las sombras son las auténticas protagonistas, como se ha comentado anteriormente, sombras que se adelantan a los acontecimientos, sombras que reflejan evidencias, sombras trágicas, sombras mágicas... en fin, esas maravillosas sombras del expresionismo alemán.

FATALIDAD (DISHONORED)
Dirección: Josef Von Sternberg; Guión: Daniel Nathan Rubin y Josef von Sternberg; Producción: 1931. EE.UU. Fotografía: Lee Garmes; Reparto: Marlene Dietrich, Victor McLaglen
Film seleccionado y comentado por Diego Marín

Noche lluviosa. Varias personas se amontonan junto a un portal. Un nuevo suicidio. Otra prostituta. Entre los transeúntes, Marie Kolverer (Marlene Dietrich), futura X27 (título original del filme que fue cambiado por la Paramount) y el jefe del servicio secreto austriaco. Él, ocultando su identidad “contrata” sus servicios al percibir en ella su valentía. Suben las escaleras hacia el cuarto de la muchacha, y aquí en la entrada Sternberg nos ofrece la metáfora que contiene la relación entre ambos personajes a lo largo del filme: una sombra.
La sombra del paraguas que cruza el encuadre y que tiene dos significados evidentes: en primer lugar como protección, de la lluvia por supuesto, pero en un sentido metafórico, de la vida que Marie lleva en la calle, puesto que se va a convertir en breves secuencias en espía del gobierno austriaco; y en segundo lugar, esa mancha negra que borra de la imagen a Marie cuando recoge el paraguas.
Sternberg resume de manera precisa la aparición del personaje en la vida de Marie: primero su protector y luego el encargado de acabar con su vida.
Tras la explosión vanguardista de la fotografía expresionista durante la década de los años 20, la fotografía cinematográfica de la década siguiente (y hasta la llegada de la siguiente vanguardia tras la Segunda Guerra Mundial con el cine negro) se vuelve mucho más “clara”.
Sternberg (y algunas excepciones más: algunos filmes de John Ford y cineastas que vienen del expresionismo) es pues, casi una isla en su tratamiento de la fotografía. Su trabajo en filmes como El expreso de Shanghai, el delirio barroco de Capricho imperial o la que nos ocupa Fatalidad ejemplifican el trabajo sobre las sombras de Sternberg y que desde finales de los años 30 con la llegada de fotógrafos como Nicholas Musuraca y Gregg Toland, dominaría buena parte de la década de los 40.
LA SOMBRA DE UNA DUDA (THE SHADOW OF A DOUBT)
Dirección: Alfred Hitchcock; Guión: Gordon McDonell (historia), Thornton Wilder, Sally Benson y Alma Reville; Producción: 1943, EE.UU.
Reparto: Joseph Cotten, Teresa Wright, MacDonald Carey y Patricia Collinge.
Film seleccionado y comentado por Emilio Toibero

“No sólo somos tío y sobrina. Somos algo más”, le dice Charlie Newton a su tío Charlie Oakley, apenas éste ha llegado a Santa Rosa, un pueblo californiano que exuda las imaginarias virtudes del “american way of life”. El espectador puede considerarlo como una fantasía adolescente, salvo que haya advertido, algunos pocos minutos atrás y pese al plano general que las registra, las miradas intermitentes que el tío dirige a su sobrina que camina unos pasos adelante, acarreando valijas. Que después de la afirmación de ella, el visitante le regale un anillo no hace más que confirmar las palabras de la joven con la que, es evidente, comparte algo más que el nombre, al menos en el oscuro plano de lo imaginario.
Pese a estar precisamente fechado en 1941, el prolijo mundo que propone el sexto largometraje estadounidense de Hitchcock no registra ninguna señal de la guerra que se estaba librando en buena parte del mundo. Sin embargo, el asesino de mujeres maduras y adineradas, que disimula Oakley tras su apariencia de flaneur, es, también, una amenaza extranjera que se cierne sobre el orden familiar. Que la acción sea cortada, más de una vez, por la imagen —¿un flashback que persigue al criminal?— de varias parejas bailando un tema de La viuda alegre, la opereta de Franz Lehár, más allá de sus resonancias diegéticas, no deja de aludir, al sesgo si se quiere, al hecho de que el director de orquesta y compositor húngaro acunó con sus melodías al nacional-socialismo del que fue figura dilecta.
Cuando en El Sur (1982), la cámara recorta un afiche de Shadow of a doubt observado por Estrella, Erice está indicando, a través del recurso de la cita, cuál es el tema esencial de su película. Porque, no nos engañemos, la duda acerca de quién es Charlie Oakley no es la que arroja sombras, quizá para siempre como lo sugiere el final, sobre Charlie Newton.

LA NOCHE DEL CAZADOR (THE NIGHT OF THE HUNTER)
Dirección: Charles Laughton; Guión: James Agee y Charles Laughton (sin acreditar) a partir de la novela de Davis Grubb. Producción: 1955. EE.UU. Reparto: Robert Mitchum, Shelley Winters, Lillian Gish
Film seleccionado y comentado por David Flórez

Dos niños, perdidos en medio de la América de la gran depresión, descienden en barca por uno de los grandes ríos del sur de EE.UU.
Una noche, ante su vista, aparecen una casa y un granero, rodeados por una luz difusa, que resalta en la oscuridad los contornos de los edificios. En una ventana, se recorta la sombra de una jaula, junto a ella, la silueta de una mujer, que canta al pájaro allí encerrado. Los niños, y nosotros con ellos, nos detenemos un instante. Allí, al alcance de la mano, está el hogar perdido, bastaría con girar la manija, empujar la puerta, para volver a él. Imposible. No es su tierra, no es su hogar, no es su familia.
El tiempo pasa, la noche transcurre, la luna asciende por el fondo del decorado, el amanecer se acerca. Sobre las colinas, la sombra inmensa de un jinete avanza, lenta, sin apresurarse, seguro de capturar la presa que persigue. Oímos su canto, al igual que hace poco escuchamos a la mujer, pero no hay refugio ni protección en su voz, solamente la fría seguridad de aquel que sabe que su voluntad, sus caprichos, coinciden con los designios inescrutables de Dios.
Toda la escena ha sido rodada en interiores, la luz es falsa, los efectos forzados, el simbolismo exagerado, y sin embargo, la escena, la película entera, resuena en nosotros, mostrándose más real, más cercana, más potente que otras narraciones de mayor fidelidad.
¿La razón? Nos hallamos en la tierra de los cuentos de hadas, esas narraciones crueles y despiadadas, reflejos de una realidad no menos descarnada e implacable, en las que sin embargo, tras cualquier vuelta del camino puede estar la esperanza y la felicidad.

HIROSHIMA MON AMOUR
Dirección: Alain Resnais; Guión: Marguerite Duras; Producción: 1959. Francia; Música original: Georges Delerue y Giovanni Fusco; Fotografía: Michio Takahashi y Sacha Vierny; Reparto: Emmanuelle Riva, Eiji Okada
Film seleccionado y comentado por Jose Manuel López

Una sombra es un hueco de luz provocado por un cuerpo, una ausencia que nace de su presencia. Pero existen otras sombras. Sombras que sobreviven al cuerpo que las produjo y se convierten en presencias imborrables de su ausencia. Como las 280.000 sombras fijadas fuera del tiempo en apenas diez segundos. Hi-ro-shi-ma. Tú y yo no podemos conocer Hiroshima. Nadie puede. Ella tampoco, como él se encarga de recordarle, porque Hiroshima hace tiempo que dejó de ser una ciudad para convertirse en una gran H marcada en nuestra memoria por el hierro candente de la Historia. Ella (Enmanuelle Riva) es una actriz francesa con otra marca en su memoria, una pequeña D de Desprecio, que está de paso por Hiroshima para rodar una película sobre la paz, sobre qué si no se puede rodar en Hiroshima, se pregunta ella. Él (Eiji Okada) es un arquitecto japonés. Ambos se conocen una noche en un bar y durante su fugaz y apasionado romance ambas marcas se acabarán superponiendo como una herida sobre una vieja cicatriz. Ella debe regresar a París al día siguiente y él trata desesperadamente de encontrar vínculos que fijen y prolonguen el breve tiempo del que disponen. Y es así como ella reabre por primera vez aquella herida, tanto tiempo cerrada, y le lleva a la Francia ocupada durante la segunda guerra mundial y a su pueblo natal, Nevers, donde dos sombras furtivas deciden prescindir del horror y dedicarse a vivir: ella, una joven francesa; él, un soldado alemán. En la víspera del día de la liberación de Francia, cuando ambos amantes se disponen a huir hacia Baviera, él muere asesinado. Repudiada por su gente, encerrada en un sótano por sus propios padres, es obligada a partir hacia París para comenzar una nueva vida. La mañana en que avista el Sena por primera vez la bomba es arrojada sobre Hiroshima.
Catorce años después, en una “Nueva Hiroshima” —así se llama el hotel donde se aloja— vuelve a sentir el dolor que un amor imposible trae consigo. “¡Te olvidaré! —grita ella, rabiosa e indefensa— ¡Ya te he olvidado!”. Pero, ¿por qué negar la necesidad evidente de la memoria —como ella misma se pregunta en el prólogo— aunque ésta no pueda ser más que una memoria “de sombras y piedras”? Un segundo después de su infantil invocación de un olvido imposible, las heridas superpuestas se cicatrizan mutuamente y conocemos, al fin, el nombre de los dos amantes: “—Hiroshima es tu nombre. —Es mi nombre, sí. El tuyo es Nevers”.

THE INNOCENTS
Dirección: Jack Clayton; Guión: William Archibald, Truman Capote y John Mortimer a partir de la novela The Turn of the Screw de Henry James; Reparto: Deborah Kerr, Peter Wyngarde, Megs Jenkins, Michael Redgrave
Film seleccionado y comentado por Alfredo Garmendia

El peso de las costumbres y tradiciones de una época se puede agolpar en la mente de una persona influenciable para constreñirla y deformarla creando en ella sombras de gran oscuridad que llegan a apoderarse de su percepción creando imágenes inexistentes donde solo se encuentra una prolongación de sus propios complejos.
Cuando la institutriz se hace cargo de los niños todo el sustrato de represión y de temores inducidos por su cultura afloran y hace que imagine lo que no existe, proyectando en los inocentes chiquillos sus propias sombras y convirtiendo en perverso lo natural.
Todo esto es muy racional y lógico y entra de pleno en el ámbito de una ortodoxia psicoanalítica pero, sin embargo, Clayton da un paso más allá buscando una realización conscientemente ambigua donde lo que se ve parece verse a través de los ojos de la protagonista, lo que apunta a la idea inicial, pero sutilmente en algunas miradas y sobre todo en algunos planos, como uno en picado casi al final donde las figuras de la institutriz y el niño parecen verse aplastadas desde la perspectiva de quien, en principio, no existe, plantean de pronto una duda.
Las sombras de los muertos, que son los fantasmas, se contraponen a las de la mente, que son las alucinaciones, y en una realización magistral convierte el tratado sobre los hábitos y represiones de una época que mostraba Henry James en su conocida novela, en algo que va más allá, en la posibilidad de que algo que no conocemos realmente exista como tal, que no todo sea creación de nuestras mentes, y esa idea nos deja en evidencia a los racionalistas puesto que nuestra propia razón nos limita y nos pone puertas en nuestra expansión hacia otros mundos o experiencias que por desconocidas o inquietantes son rechazadas, creando nuestras propias sombras mentales.

EL SUR
Dirigido por: Víctor Erice; Guión: Víctor Erice, a partir de la novela de Adelaida García Morales; Producción: 1983, España; Reparto: Omero Antonutti, Sonsoles Aranguren, Icíar Bollaín, Lola Cardona, Rafaela Aparicio
Film seleccionado y comentado por Alfredo Garmendia

En El sur, película compuesta de luminosidad y oscuridades, la vida de los protagonistas vive sumida en brumas, en sus propias sombras de un pasado no explícito pero que se intuye terrible. ¿Qué hizo que un hombre como Agustín se desplazara al sombrío norte, a vivir una vida anodina lejos de ese luminoso y querido sur donde le añoran? Estas sombras que le acompañan se adentran en toda su peripecia vital y marcan tanto su vida como las de su familia. En la penumbra de su habitación, encerrado consigo mismo, ese zahorí capaz de encontrar agua gracias a unas dotes misteriosas que se nos antojan mágicas, se debate con sus fantasmas golpeando el suelo con su bastón, mientras en la oscuridad, en el piso inferior bajo la cama, su hija le escucha en silencio, tratando de vislumbrar ese algo desconocido pero que intuye fundamental para su vida.
También en las sombras de la noche, tras el ventanal de un café, Estrella es capaz de entrever algo del secreto que atenaza a su padre, el que siempre se ha interpuesto entre ambos, a pesar de la fugaz aproximación intuida en el bello pasodoble que bailan juntos en su primera comunión, y en las sombras del cine puede entender una parte de su misterio, pero solo una parte, puesto que la parte más oscura, la que definitivamente pone un muro entre ellos, apenas puede percibirla, pertenece a las capas más recónditas de la mente de su padre.
Esa incapacidad de conocer lo más oculto del otro ser humano, esa incomunicación profunda y esencial es lo que provoca, en uno, esa enorme soledad que atenaza su vida hasta llevarla al límite, y en la otra la incapacidad de prever un final y de comprender lo que su padre necesita tras un último y desesperado intento de aproximación. Por ello ese final abrupto en la media luz del amanecer la sorprende y no lo entiende. Intentará ir al radiante sur para comprender.

Trenes de sombras
PARTE 02: SOMBRAS

Films seleccionados (por orden cronológico):

1. El gabinete del doctor Caligari
(Robert Wiene. 1920)

2. Nosferatu el vampiro
(F.W. Murnau. 1922)

3. Sombras
(Arthur Robison. 1923)

4.
Fatalidad
(Josef Von Sternberg. 1931)

5. La sombra de una duda
(Alfred Hitchcock. 1943)

6. La noche del cazador
(Charles Laughton. 1955)

7. Hiroshima, mon amour
(Alain Resnais. 1959)

8. The innocents
(Jack Clayton. 1961)

9. El sur
(Víctor Erice. 1983)

Trenes de sombras
PARTE 01: TRENES