trendesombras.com Num #2 - Septiembre 2004 width=

02. Inocencia y pánico

La película comienza con una sesión de televisión dentro de la televisión: los protagonistas, profesionales de la burguesía media, son entrevistados en el primer capítulo para un programa dedicado a familias ejemplares. Su planificación es estrictamente la que corresponde a un programa de este tipo, con un largo plano medio de los protagonistas respondiendo a un cuestionario frente a la cámara, interrumpido en pocas ocasiones por un inserto de la entrevistadora. Sus mutuas miradas de apoyo y su nerviosismo son los que corresponden a una entrevista real. Curiosamente es el único momento en toda la película en el que aparecen físicamente las hijas de ambos en una toma preliminar extremadamente corta, pues a partir de ese momento solo aparecen en las conversaciones de ambos, es como si realmente desaparecieran de la escena.

Esa primera entrevista de presentación de los protagonistas es, en realidad, una representación para un programa, en ella se remarca lo externo, lo superficial de un matrimonio aparentemente ejemplar. Todo es felicidad y todo es apariencia, como corresponde a un programa de televisión. Incluso sus propios protagonistas parecen creerse lo que muestran.

De la idílica escena inicial se pasa bruscamente a una de las más interesantes secuencias de la película, una cena con un matrimonio amigo donde Marianne y Johan comentan las circunstancias de la entrevista. En esta ocasión se les ve más relajados, pero la impresión es la misma, son un matrimonio ejemplar que disfruta de su felicidad bromeando con ella y exhibiéndola ante sus amigos. Poco a poco la escena, rodada en principio con planos medios alternando a sus personajes de dos en dos, va aumentando de tensión y la relajación inicial va convirtiéndose en una educada pelea con la pareja amiga que, suavemente ayudada por la bebida, acaba derivando en una batalla campal, donde las ironías dejan paso a los sarcasmos y éstos al insulto.

Todo esto ocurre ante la patente incomodidad de los anfitriones quienes desde su atalaya contemplan como aflora toda la sordidez contenida en las relaciones de sus amigos, sin librarse tampoco de alguna insinuación burlona sobre su propia supuesta felicidad que no parece muy creíble a los ojos de la otra pareja. Esta deriva se apoya en una magnífica realización a base de primeros planos donde los rostros y sus expresiones son vitales en esta catarsis colectiva.

Tras la marcha de los amigos y en un epílogo muy ilustrativo, Johan y Marianne comentan la situación mientras recogen la vajilla y hablan de sus relaciones casi idílicas en contraste con la de sus amigos, pero Bergman rueda casi toda la escena mediante planos medios y cortos, con sus dos protagonistas incluidos el encuadre de espaldas a la cámara, como negando con las imágenes lo que se expresa con las palabras. Este primer capítulo, es clave para la película, pues en él se exponen claramente las líneas de pensamiento del director sobre la hipocresía de las relaciones de sus protagonistas.

03. El arte de esconder bajo la alfombra

En el segundo episodio se nos muestra a los mismos personajes en su vida cotidiana y empieza a traslucir lo que en el primer capítulo se insinuaba, el artificio que se encuentra en la base de un matrimonio excesivamente estructurado en sus compromisos con su entorno social y su familia. Sus madres aparecen sin mostrarse físicamente, sólo a través de conversaciones, como elementos conductores de sus vidas. Es Marianne la que aparentemente trata de rebelarse contra esa situación aunque su intento se frustra por el chantaje moral que su madre ejerce sobre ella, y aquí se empieza a observar cómo Johan elude responsabilidades, pareciendo no estar interesado en romper un entramado que le permite una vida estable.

También en ese momento se insinúa la eventualidad de una doble vida de Johan que pone en cuestión esa teórica felicidad que se había mostrado con una posible infidelidad por su parte. En el mismo plano en el que ambos, sentados en la escalera, acaban de hacer una declaración de aceptación resignada de su realidad social, con la cámara acercándose a sus rostros y después de bromear con la remota posibilidad de una infidelidad, ella le propone acompañarle a la ciudad y desaparece de la escena dejándole solo y evidentemente contrariado. En ese instante sin cambiar de plano mediante un sencillo movimiento de la cámara mostrando su mano, alcanza el teléfono se lo acerca y tras abortar un principio de llamada vuelve a dejarlo en su sitio, como si tras haber compartido ambos el encuadre no se atreviera a utilizar ese espacio común para llamar a alguien que podría romper su estatus.

Por otro lado sus relaciones de trabajo les ponen al descubierto alguna de sus carencias en dos admirables secuencias. Por un lado él habla con una compañera de trabajo y amiga desde la época de estudiantes que le recuerda las falsas expectativas que entre sus compañeros se habían creado sobre su capacidad intelectual y, por otro lado, ella se ve enfrentada con la lúcida valentía de una mujer a quien no le importa romper con su entorno y su vida cómoda al comprobar la ausencia del amor en su matrimonio.

Concretamente, en este último encuentro Marianne está escuchando con un cierto distanciamiento las razones que le da su cliente para justificar su resolución de divorciarse, mostrándola en breves insertos que interrumpen la planificación en primer plano en que su cliente va exponiendo sus impresiones, pero en un cierto momento la cámara pasa rápidamente de la mano de su cliente —que está explicando la progresiva sensación de pobreza en sus sensaciones, incluso táctiles— al rostro de Marianne en un gran primer plano que relaciona esas impresiones explicadas por su cliente con sus propios sentimientos.

En la última escena de este segundo capítulo, ambos vuelven a casa tras una representación teatral de Ibsen y comienzan a hablar de sus antiguas ilusiones y de la forma en que sus relaciones físicas han ido evolucionando. Se observa que no todo es tan maravilloso como parecía y que las sombras del desencuentro están presentes aunque voluntariamente ocultas para no perjudicar la conformista situación en la que viven. Cuando la conversación parece avanzar hacia una toma de conciencia de su realidad, con planos individualizados cada vez más cercanos buscando la verdad de cada uno, retroceden, se autocensuran y vuelven a aparecer juntos en el plano compartiendo ambos, de este modo, la responsabilidad de su falta de coraje. Al final todo concluye con la aceptación resignada de un nuevo desencuentro físico.

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Johan, Marianne .... y Anna
Por Alfredo Garmendia
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01. Secretos de un matrimonio
02.
03.
Inocencia y pánico
El arte de esconder bajo la alfombra
04.
05.
Paula
Valle de lágrimas
06.
07.
Analfabetos
En plena noche en una casa a oscuras
08.
09.
10.
Saraband
Presentación y primer encuentro
Segundo encuentro, una semana más tarde
11.
12.
13.
Tercer encuentro. Anna
Cuarto y quinto encuentros. Henrik
Sexto encuentro. La propuesta
14.
15.
16.
Séptimo encuentro. La carta de Anna
Octavo encuentro. Decisión de Karin
Noveno y décimo encuentros. Johann, Marianne y Anna
17. Epílogo