
06.
Analfabetos
El siguiente capítulo comienza
siendo un poco la antítesis del anterior. Ya
desde un principio muestra las diferencias producidas
en los protagonistas a lo largo del tiempo transcurrido,
a ella se la ve relajada mientras él se encuentra
notoriamente incómodo ante la necesidad de realizar
conjuntamente los trámites del divorcio. De nuevo
en plano medio, pero esta vez ante una mesa de despacho
en lugar del sofá anterior, ambos hablan de dichos
trámites hasta que la conversación va
derivando a temas más íntimos, con la
cámara aproximándose a sus rostros. Es
él quien sirve las bebidas, a diferencia del
capítulo anterior, y su traslado desde la mesa
hasta un sofá acentúa las disparidades,
pues el nuevo lugar, retratado otra vez en planos medios,
resulta frío, poco acogedor.
Marianne, sin complejos ni reticencias, trata de seducir
a Johan y así se lo dice, y ambos hacen el amor
encima de la alfombra, en contraposición con
lo sucedido en la alfombra de su casa donde ella se
negaba, y lo hacen claramente, sin ocultación
por parte del director, como si toda reserva en Marianne
hubiera quedado olvidada en ese tiempo. Poco después
volvemos al prosaísmo, de los papeles del divorcio,
contemplado a media distancia y reaparecen las tensiones
por la ausencia de interés de Johan en darles
un rápido despacho, poco a poco los planos vuelven
a acercarse a los rostros pero, a diferencia de otras
ocasiones, las discusiones ya no son íntimas
sino simplemente personales, referidas a las hijas y
a sus gastos.
Significativamente cuando, en otro gran primer plano,
la cámara se aproxima al rostro de Johan, mientras
habla refiriéndose a temas más hondos
y más esenciales para él como es el desconocimiento
que tenemos sobre nuestras almas (analfabetos emocionales),
la exposición termina con un bostezo de Marianne
equivalente al de Johan en el capítulo anterior
a lo que él reacciona molesto, a diferencia de
la comprensión mostrada por ella en la escena
equivalente. Otra vez el ambiente se enfría y
desde la distancia el espectador escucha el relato de
sus desventuras laborales que Johan comenta en un tono
entre irritado y hastiado para terminar planteando sus
fracasos personales con la cámara en primer plano.
La planificación vuelve a cambiar cuando sentados
el uno frente al otro analizando sus sentimientos el
director utiliza de nuevo el plano/contraplano, pero
esta vez desde un punto de vista menos cercano, donde
implicación de ambos en los temas que discuten
vuelve a ser expuesta con la aparición de la
pareja en cada uno de los encuadres. Sin embargo la
cámara se ha separado, el análisis de
los sentimientos es más distanciado y el terrible
rosario de reproches que va surgiendo en la conversación
se hace de una forma llena de emotividad pero con la
lúcida crueldad de quien, apoyado por la abundante
bebida que ha ido acompañando la escena, decide
soltarse los demonios interiores para evitar que sigan
dañándole. A medida que las acusaciones
y las miserias expuestas van subiendo de tono, la cámara
se aproxima a sus rostros de forma clara hasta que,
con un brusco movimiento, tras un puñetazo de
Marianne en la mesa, se vuelve a separar de los personajes
quienes alterados se agitan dentro de sus planos como
encerrados en ellos, encerrados en su propio ser.
Más adelante, cuando Marianne le muestra que
adivina sus verdaderas intenciones de tratar de evitar
el divorcio, la conversación vuelve a suavizarse
y en planos cortos alternados se van desgranando los
verdaderos sentimientos de Johan, desdiciéndose
de lo anteriormente expresado, pero ya es tarde y cuando
Marianne intenta marcharse en un taxi, Johan, muy tocado
ya por sus sentimientos y por el alcohol, trata de impedirlo
incluso por la fuerza, golpeándola en su agresiva
frustración en una planificación magistral
donde la fuerza y la tensión contenida en solo
un par de planos demuestra cómo un gran director
acompañado de un buen fotógrafo y unos
actores de categoría no necesitan de un montaje
complejo para transmitir agitación y violencia.
La escena termina tras la asunción por parte
de ambos de lo ocurrido y tras la firma de los correspondientes
documentos del divorcio. Si el capítulo Paula
es el nudo de la película, este durísimo
capítulo es el análisis más crudo
de la vida matrimonial y de los ambiguos sentimientos
que confluyen en los personajes.
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