 |

14.
SÉptimo encuentro. La carta de Anna
De nuevo, en el séptimo capítulo,
Karin se reúne con Marianne, la figura más
independiente de la situación, para mostrarle
una carta que Anna escribió una semana antes
de morir y que encontró en un libro. En esa carta
se muestra la lucidez con que veía la situación
tras su muerte, previendo la inseguridad afectiva de
Henrik y la posibilidad de que se volcara en exceso
sobre Karin para compensar el vacío emotivo dejado
por ella. La cámara las muestra desde atrás
aunque giradas, como dando a entender la negación
y el rechazo que esa carta produce en la conciencia
de Karin que lucha entre su necesidad de hacer caso
a su madre Anna en lo que inteligentemente adivinaba
y el miedo acerca de lo que su abandono podría
producir en su inestable padre. Busca el apoyo de Marianne
en su negativa a emprender el camino mostrado por Johan,
pero Marianne no se lo da.
Otra vez Anna es el centro de la escena que termina
uniendo las manos de ambas sobre su carta posada en
la mesa, como con una atracción irresistible
de la que escapa Marianne retirando súbitamente
su mano. Incluso sin conocerla siente que está
cayendo en su hechizo y se resiste tratando de poner
en tela de juicio la afirmación de Karin sobre
el amor contenido en la carta.
|
15.
Octavo encuentro. Decisión
de Karin
En el octavo episodio, Karin se enfrenta
de nuevo a Henrik. El encuadre de la cámara cuando
Karin entra en la casa es exactamente el mismo del correspondiente
a la primera vez que aparecen juntos, en una situación
especialmente tensa. El plano se mantiene durante más
de tres minutos mostrando el grado de exaltación
de Henrik entusiasmado con la idea de un concierto con
Karin interpretando las Suites de Bach en forma de dúo.
A pesar del grado de alegría que refleja Henrik,
el encuadre nos anuncia unas tensiones que pronto aparecen
ante la falta de interés por parte de Karin,
más preocupada con la propuesta de Johan y con
sus dudas acerca de ella.
Al adivinar Henrik que ha estado con su abuelo y con
Marianne, estalla de nuevo la tensión entre ambos.
La cámara se acerca a ambos que comienzan a hablar
con alternativas entre e cariño y el reproche
hasta que él le besa en la boca, momento en el
que ella decide mostrarle la carta de Anna. Karin comprende
en ese instante que su madre tenía razón
en la posibilidad de que su padre quisiera dominarla
en exceso volcando en ella sus carencias afectivas y
toma una decisión sobre su futuro, por primera
vez toma una decisión al margen de los intereses
que la han estado empujando y así, en unos planos
muy cercanos, se lo transmite a su asombrado padre que
entre asustado y confundido no sabe cómo reaccionar.
Finalmente le pide que interprete como broche la zarabanda
de la Suite Nº5 que escucha de espaldas y con una
mirada llena de incertidumbre y de soledad. |
16.
Noveno y décimo encuentros. Johann, Marianne
y Anna
En el corto noveno episodio de nuevo Marianne y Johan
frente a frente discuten sobre el intento de suicidio
de Henrik tras la marcha de Karin, suceso que, tras
otro muy corto e innecesario inserto de Herik ensangrentado,
Johan aprovecha para destilar su profundo desprecio
hacia su hijo ante la airada respuesta de Marianne.
Tras el intercambio de pareceres Johan toma una botella
de coñac y se sienta tras ella empezando a descubrir,
con ambos personajes en el mismo plano pero sin mirarse,
las verdaderas razones de su desprecio en la atracción
que sentía por Anna y en la incomprensión
de que Anna hubiese estado enamorada de Henrik. Bergman
vuelve a mostrarnos el primer plano del retrato en blanco
y negro de Anna recurrente en toda la película.
El último encuentro se produce, cómo
no, en la hora antes del alba. De nuevo la hora del
lobo, la hora en la que los fantasmas de los miedos
más íntimos aparecen, surge para mostrar
el desasosiego de los personajes y reunir otra vez a
Johan y Marianne desnudos física y espiritualmente
para darse apoyo, como ya ocurría en la pesadilla
que, en la última escena de Secretos de un matrimonio,
mostraba la inseguridad íntima de Marianne ,
contradiciendo su aparente estabilidad. En esta ocasión
es Johan el que se siente desamparado y angustiado y
Marianne la que le acoge en su seno para tranquilizarle.
|
| Siguiente: 17.
Epílogo |
|
 |
|
 |