trendesombras.com Num #2 - Septiembre 2004 width=

17. Epílogo

Esta última temporada de convivencia de Marianne con Johan que es Sarabande y el omnipresente amor de Anna intuido en la persistente visualización de la foto de su rostro, le sirve finalmente a ella para, en un brevísimo episodio introducido en la coda final, tomar conciencia de su relación con una hija, Martha, recluida en un asilo y con quien apenas mantiene contacto pues casi no es reconocida por ella. Por primera vez es consciente del contacto físico con su hija.

A lo largo de la película se han ido desgranando ante los ojos asombrados de Marianne y del espectador todo el desprecio del padre hacia el hijo, la tristeza y el desamparo por la pérdida de alguien capaz de mostrar amor con su sola presencia, el intento de revivir dicho amor a través de Karin, tanto por parte del padre como por parte del abuelo sin detenerse, para ello, ante la manipulación de sus sentimientos. Eso sí, al final de la película, en su última explicación al espectador de los momentos vividos durante esos meses, otra vez ante sus fotografías, en el montón de retratos aparece uno nuevo, Anna forma ya parte de sus recuerdos.

Una bella película, en suma, compendio de sus últimas obsesiones (relaciones personales, muerte, afecto, incomprensión ...) realizada con una serenidad clásica, con una planificación de una precisión implacable, que no necesita de innovaciones de lenguaje, para mostrar el lado más humano de su cine, como ya había hecho en En presencia de un clown, hablando de otro de sus grandes temas, el teatro y el cine, es decir la representación, que ha sido la razón de su vida profesional.

Apostillas finales

Comentario especial requieren los actores. Bergman, como suele ser habitual en él, construye sus películas siempre apoyándose en sus rostros, con abundantes primeros planos, seguro de la capacidad de unos profesionales capaces de transmitir emociones y sin tener, por lo tanto, que recurrir a complejos sistemas de planificación o montaje. Los rostros vuelven a ser la paleta de que el director se vale para realizar su pintura, los sentimientos contenidos afloran en ellos demostrando la capacidad de este gran realizador para el manejo de sus colaboradores. Sin esos actores, o quizás sin su capacidad de dirección de los mismos, sería difícil realizar este tipo de películas con tanta perfección. Resulta casi imposible mantener tanta naturalidad, con la cámara reflejando únicamente sus expresiones durante minutos, sin cortes, si detrás no hay unas personas de una gran capacitación.

Como ya he apuntado anteriormente la conexión entre las dos películas es relativamente leve, ya que la última podría haber sido realizada sin la existencia de la primera dada la diversidad de los temas, a pesar de que el conocimiento previo de algunos de los personajes crea una cierta atmósfera de complicidad, pero es una satisfacción que cualquier excusa aunque sea insignificante, haga que un director de la categoría de Ingmar Bergman no permanezca inactivo y siga deleitándonos con obras que, aunque no sean redondas siempre tendrán mucho más que aportar al espectador que la gran mayoría del cine que actualmente sufrimos en nuestras carteleras, planteando temas personales e íntimos sin los ojos puestos en la recaudación.

Johan, Marianne .... y Anna
Por Alfredo Garmendia
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El arte de esconder bajo la alfombra
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Paula
Valle de lágrimas
06.
07.
Analfabetos
En plena noche en una casa a oscuras
08.
09.
10.
Saraband
Presentación y primer encuentro
Segundo encuentro, una semana más tarde
11.
12.
13.
Tercer encuentro. Anna
Cuarto y quinto encuentros. Henrik
Sexto encuentro. La propuesta
14.
15.
16.
Séptimo encuentro. La carta de Anna
Octavo encuentro. Decisión de Karin
Noveno y décimo encuentros. Johann, Marianne y Anna
17. Epílogo