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El uso de terminología geométrica
es una constante en el análisis cinematográfico.
En las consideraciones respecto al encuadre y a la
estructura narrativa de una película, las
referencias a formas geométricas son usuales
y en muchas ocasiones es este ámbito de la
matemática el que nos ofrece la herramienta
perfecta para construir discursos sobre el tiempo
fílmico. En cualquier caso, parece evidente
que este préstamo lingüístico
es sólo un accesorio para la tarea del crítico.
Sin embargo, aquí nos planteamos un juego
arriesgado: la reducción de una cineasta a
una forma geométrica concreta. Bueno, en realidad
a un misterio geométrico, a un espejismo en
el que las formas se solapan, se esconden una detrás
de otra, para dotar a la visibilidad del valor de
lo invisible.
Naomi Kawase fabrica círculos perfectos
disfrazados de líneas paralelas. El paralelismo
surge del desencuentro entre las gentes, de la
pérdida
y la muerte (constantes temáticas de su cine),
cuya proyección, como la de las líneas
paralelas perfectas, se extiende hasta el infinito.
El tatuador que trabaja sobre el cuerpo de la misma
Kawase en Sky, Wind, Fire,
Water, Earth (Kya ka ra ba a, 2001),
habla del arte y el amor como de líneas que deben permanecer distanciadas
para que la obra pueda existir, porque la fuerza
arrolladora del amor puede ensombrecer la propia
creación, impidiendo que perviva en el tiempo.
El arranque de Shara (2003) dibuja
el camino, en planos secuencia, de dos hermanos que
corren por calles y pasajes estrechos hasta que una
misteriosa desaparición los separa. Nunca
veremos contacto alguno entre ambos, la suya es una
danza geométrica que a lo largo de toda la
película actúa como alegoría
del carácter infinito de la ausencia.
Por
otra parte, Kawase, tanto en sus documentales como
en sus filmes, se ha filmado en muchas ocasiones
sobre el suelo de su ciudad, Nara. Hemos podido ver
su cuerpo menudo y ligero, su sombra proyectada sobre
la tierra, las fotografías de su infancia
superpuestas a los espacios reales... siempre conformando
una tensión dialéctica entre la creadora
y el personaje, ¿identidades desencajadas
que se rozan sin llegarse a tocar? ¿espectros
polarizados para el desencuentro? No. El cine de
Kawase es en realidad una batalla geométrica
campal. Bajo la quietud de los paisajes, las líneas
luchan por doblegar su destino, una noble contienda
por la hermandad del arte y el amor, de la creadora
y el personaje, de la ficción y la realidad.
Así, la circularidad soterrada y esencial
del cine de la directora japonesa aflora, por ejemplo,
en la resolución final de sus filmes: en Shara con
el regreso al lugar físico
de su inicio, una vez compensada la muerte con un
nuevo nacimiento; y en sus documentales Embracing (Ni
tsutsumarete, 1992) y Sky,
Wind, Fire, Water, Earth
cerrando las heridas abiertas en su planteamiento
inicial mediante el encuentro de Kawase con su padre
y la reconciliación
con la figura paterna tras su muerte.
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Tren de sombras
Núm. 3, abril de 2005.
© Manuel Yáñez Murillo y Tren de sombras.
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| KAWASE Y LA GEOMETRÍA |
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2. Kawase
y la geometría
Por Manuel Yáñez Murillo |
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