trendesombras.com Num #0 - Septiembre 2003



Shara fue uno de mis filmes preferidos del año pasado porque es una muestra maravillosa de localismo e universalismo, cinefilia y academia, razón y emoción, sensibilidad y entendimiento.

Hay varios aspectos que recuerdo de este film que vi en el festival de cine de Buenos Aires en el 2004. Por ejemplo, el plano secuencia inicial donde una cámara (aparentemente arriba de una bicicleta) sigue a dos niñitos por las calles de un pueblo del Japón (Nara). Esa sensación de libertad —que parece un homenaje a los paseos de las películas de Hou Hsiao-hsien— va ser inmediata y fuertemente contrastada cuando nos demos cuenta de que uno de ellos ha desaparecido, iniciando el conflicto más importante del film: la tensión entre el niño que ha muerto y el que está por nacer.

El choque tan subrayado entre la muerte traumática del comienzo —que queda en el fuera de campo— y la vida que irrumpe en el campo cinematográfico en el final, hacen de este filme (aparte de una crítica al tratamiento que a veces le dan a estas cuestiones los medios masivos de comunicación donde lo que prevalece es el espectáculo de la muerte) un alegato por la vida y lo transforma en un acto político en sí.

Más cuando se lee por allí que la realizadora tuvo un hijo después de la filmación... Entonces: ¿por qué no creer que la película es la preocupación de una madre con respecto al nacimiento de su hijo? Y esa tensión: ¿no será la misma que surge entre una nueva vida y la Historia? ¿No será quizás el choque imposible entre Hiroshima (el niño del comienzo) y la vida (el parto del final)? ¿No es acaso de esto mismo de lo que nos habla el cortometraje Alumbramiento (2002) de Víctor Erice?

La alternancia dentro de la película entre lo que se ve y lo que no puede verse, hace que en su completitud el film sea, al mismo tiempo, un canto a lo visible y lo invisible, pero no ausente. Verbigracia, las expresiones locales (como la escena del baile callejero que es acompañado de una intensa lluvia) se fusionan con referencias hollywoodenses de una manera muy sutil.

Esta secuencia tan comentada —que es también uno de los más interesantes números musicales jamás filmados en la historia del cine y que quizá habría que relacionar con el final de Zatoichi (2004, Takeshi Kitano)— fusiona lo personal con lo genérico en una forma que termina haciéndose indivisible.

Por otro lado, al abordar en el celuloide las relaciones familiares, Shara también dialoga con Ozu y, evidentemente, con la cinematografía del Japón.

Varias veces, como mujer habitante de un mundo convulsionado, me he formulado la pregunta de si se podía dar a luz. Si se puede dar a luz un hijo o una obra, cualquiera sea su materialidad. Naomi Kawase, la mamá Kawase, encontró una respuesta al hacer este film. Y la encontró sin negar a los fantasmas que, como en el plano final de Shara, sobrevuelan los techos de ese pueblo del Japón...

Tren de sombras Núm. 3, abril de 2005.
© Lorena Cancela y Tren de sombras.

FANTASMAS
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1. Shara y lo in/visible
Por Jose Manuel López
2. Kawase y la geometría
Por Manuel Yáñez Murillo
3. Abrazando el aire
Por Adrian Martin
4. Fantasmas
Por Lorena Cancela
5. Llueve en Nara
Por Fermín J. Martínez