trendesombras.com Num #0 - Septiembre 2003

Sitges es un festival de cine bastante especial, o al menos yo lo percibo así. Confieso que en mi adolescencia sentía una absoluta fascinación por el género fantástico y de terror. Me reconozco en toda una generación que peregrinaba cada fin de semana a los recién abiertos videoclubes para descubrir cintas truculentas pobladas por criaturas como Jason, Freddy Krueger o D.A.R.Y.L. Películas que hoy en día me harían sonrojar si alguien las descubriese en mi armario de las cintas inconfesables.

De todo aquello afortunadamente ha quedado poco, aunque sigo teniendo una especial debilidad por el cine de género. Pero no es el género lo que me hace acercarme a Sitges. El verdadero secreto de este festival está en su absoluta falta de tapujos a la hora de seleccionar películas; y el eclecticismo y buen gusto del que hacen gala los programadores de las secciones paralelas.

El de Sitges es un festival que tiene truco. O más que truco, dos caras. Porque resulta bastante chocante acercarse a un cine a ver la última ocurrencia de Apichatpong Weerasethakul rodeado de una veintena de personas disfrazadas de Star Wars. O situaciones tan grotescas como ver a Youssef Chahine compartiendo cartel con Premio a toda una carrera para George Lucas o delirios del tipo A los japos les mola la sangre o Ciclo Beach Movies. Lo bonito de este festival es que hay sitio para todos.

Lamentablemente mi visión del festival de este año es sesgada, pues no pude disfrutar del festival completo. Lo que voy a intentar es transmitir mis sensaciones de lo vivido esos días.

Sección Oficial Fantastic

Sería injusto no confesar que la película que me convenció para acercarme a Sitges fue Innocence: Ghost in the Shell 2 (Kôkaku kidôtai 2: Inosensu, 2004. Mamuro Oshii). La primera parte es una obra imperecedera, de múltiples lecturas y que en mi humilde opinión era el anime perfecto. La obra de animación que más veces he revisado en busca de esa hipnosis sensorial que producen las películas redondas. Mis expectativas eran altas, pues Mamuro Oshii nunca me había decepcionado. Innocence no sólo no me decepcionó, sino que se ha convertido en mi absoluta obra animada de referencia. Por su tratamiento de temas muy manidos como la relación hombre/máquina y realidad/ficción desde un punto de vista que sabe a nuevo; por la absoluta maestría que demuestra Oshii a la hora contar historias; porque Kenji Kawai compone una perfecta continuación a la partitura del film original; y porque con esta película, Oshii ha llegado a unos niveles de calidad artística en animación que en occidente no tienen reflejo.

Innocence: Ghost in the Shell 2

Jonathan Glazer forma parte de toda una generación de directores de anuncios de televisión y videos musicales que han sido recibidos por Hollywood con los brazos abiertos. Presentó en Sitges su segunda película Reencarnación (Birth, 2004). Un film en el que Glazer juguetea en el terreno de lo fantástico y emite ecos de La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968. Roman Polanski). Rodada con una precisión formal admirable, arriesgando incluso a la hora de sostener un plano del rostro de Nicole Kidman estirándolo más allá de los 2 minutos.

The Birthday (2004. Eugenio Mira) es un perro verde dentro de la cinematografía española. La propuesta, de la que me interesa la primera media hora, me aburren los siguientes cincuenta y cinco minutos, y me hastían los últimos quince, debe ser reseñada en esta crónica porque a pesar de que el producto final no me convence, tanto la película como su director Eugenio Mira, se merecen mis respetos por haberse salido de las normas de una industria (la española) que hace mucho tiempo que dejó de sorprender.

No acudí al pase de Código 46 (Code 46, 2003) de Michael Winterbottom, pues ya había tenido oportunidad de verla hace un par de años en el Festival de Cine de San Sebastián y no me había dejado demasiado satisfecho. Lo que más me interesaba de la película ya estaba en Blade Runner (1982. Ridley Scott) y Gattaca (1997. Andrew Niccol). Por lo que me comentaron el montaje que pasaron era diferente al que yo había visto y será el que se estrene en España. Tiempo habrá pues de que cambie mi opinión o me reafirme.

Izo (2004) es la mayor barbaridad tanto temáticamente como formalmente que le reconozco por el momento a Takashi Miike (aunque confieso que sólo he visto una docena de sus más de sesenta películas). Una cinta que juega a acumular situaciones repetitivas, y donde la violencia llega a adquirir unos límites de absurdo que llega por hastiar hasta al propio protagonista de la misma, como si éste fuera capaz de ver a través de los ojos del espectador.

Old Boy (2003) es la segunda parte de la Trilogía de la venganza de Park Chan-wook, un cineasta que en palabras de Manuel Yañez -en su imprescindible artículo La distribución en España: notas sobre un cine invisible(1)- «es la asimilación por parte de un coreano de ciertas formas y patrones argumentales del cine comercial americano». Y es que a pesar de que la película me interesa y entretiene a partes iguales, no le reconozco méritos artísticos adicionales.

Vital

Secciones Paralelas

El resto de secciones del Festival tiene un buen puñado de interesantes películas. Con el fin de no hacer perder el tiempo al lector, sólo comentaré las que me resultaron más interesantes.

Han pasado dos años desde la última vez que tuvimos noticias de Shinya Tsukamoto. Fue con la estupenda A snake of June (Rokugatsu no hebi, 2002). En el festival pudimos ver sus dos últimos trabajos: el de actor en la olvidable Marebito (2004) —dirigida por el prescindible Takashi Ju-on Shimizu—; y el de director en Vital (2004). Está protagonizada por Tadanobu Asano —que el año pasado ganó el premio al mejor actor por Zatoichi (Zatôichi, 2003. Takeshi Kitano)—, un joven que tras un accidente pierde la memoria. Decide volver a estudiar medicina y comienza a sentir una extraña obsesión por las prácticas de disección y el cadáver con el que realiza el trabajo.

Takashi Miike presentó otra película en el festival (algo bastante habitual, habida cuenta que en los últimos dos años ha rodado nueve películas). Se trata de Zebraman (2004), donde realiza una divertidísima parodia de los seriales televisivos de superhéroes como Ultraman, Bioman y tantos otros. Lo cierto es que como divertimento funciona (el momento de la Zebranurse es impagable) y Miike se encarga de dejar la marca de la casa con el habitual final desmedido.

Samaria

Dos películas trataron el problema de la prostitución adolescente en Japón de muy diferente forma. En Tokio Noir (2004. Masato Ishioka y Naoto Kumazawa) protagoniza el segundo de los tres episodios de que consta la película. Narra la historia de una adolescente que divide su tiempo entre ir a clase y el trabajo en un salón de masajes. La motivación es el dinero, con el que puede satisfacer sus necesidades consumistas: como ir vestida a la última moda.

También lo hacen por dinero, pero la motivación es completamente distinta. Su objetivo es viajar a Europa y huir de un Japón que no comprende su amor. Son las protagonistas adolescentes de Samaria (2004), de la que me atrevo a afirmar sin rubor que es la mejor película de Kim Ki-duk desde Bad Guy (Nabbeun namja, 2001).

Tropical Malady

Y es justo dejar para el final la película que corre en boca de la cinefilia mundial. Tropical Malady (Sud pralad, 2004.Apichatpong Weerasethakul), una película que te recibe con los brazos abiertos, te absorbe, te retiene, te agita y por último te devuelve suavemente a la realidad. Un fascinante paseo por Tailandia y sus leyendas. Cine de descubrimiento.

Hubo más películas, pero no es mi intención ni ser exhaustivo ni realizar una lista de películas que me gustaron y películas que no. Para terminar esta crónica, un deseo. Que dentro de un año me encuentre delante del ordenador, tecleando en el procesador de textos: «Crónica Sitges 2005».

Tren de sombras Núm. 3, abril de 2005.
© Fermin J. Martínez y trendesombras.com
Sitges 2004: Festival Internacional de Cine de Catalunya
Por Fermin J. Martínez
 

(1) YÁÑEZ, Manuel. La distribución en España. Notas sobre un cine invisible. Miradas de cine