
Sitges es un festival de cine bastante especial, o al
menos yo lo percibo así. Confieso que en mi adolescencia
sentía una absoluta fascinación por el
género fantástico y de terror. Me reconozco
en toda una generación que peregrinaba cada fin
de semana a los recién abiertos videoclubes para
descubrir cintas truculentas pobladas por criaturas
como Jason, Freddy Krueger o D.A.R.Y.L. Películas
que hoy en día me harían sonrojar si alguien
las descubriese en mi armario de las cintas inconfesables.
De todo aquello afortunadamente ha quedado poco, aunque
sigo teniendo una especial debilidad por el cine de
género. Pero no es el género lo que me
hace acercarme a Sitges. El verdadero secreto de este
festival está en su absoluta falta de tapujos
a la hora de seleccionar películas; y el eclecticismo
y buen gusto del que hacen gala los programadores de
las secciones paralelas.
El de Sitges es un festival que tiene truco. O más
que truco, dos caras. Porque resulta bastante chocante
acercarse a un cine a ver la última ocurrencia
de Apichatpong Weerasethakul rodeado de una veintena
de personas disfrazadas de Star Wars. O situaciones
tan grotescas como ver a Youssef Chahine compartiendo
cartel con Premio a toda una carrera para George
Lucas o delirios del tipo A los japos les mola
la sangre o Ciclo Beach Movies. Lo bonito
de este festival es que hay sitio para todos.
Lamentablemente mi visión del festival de este
año es sesgada, pues no pude disfrutar del festival
completo. Lo que voy a intentar es transmitir mis sensaciones
de lo vivido esos días.
Sección Oficial Fantastic
Sería injusto no confesar que la película que me convenció
para acercarme a Sitges fue Innocence:
Ghost in the Shell 2 (Kôkaku kidôtai 2: Inosensu,
2004. Mamuro Oshii). La primera parte es una obra imperecedera,
de múltiples lecturas y que en mi humilde opinión era
el anime perfecto. La obra de animación que más veces
he revisado en busca de esa hipnosis sensorial que producen
las películas redondas. Mis expectativas eran altas,
pues Mamuro Oshii nunca me había decepcionado. Innocence
no sólo no me decepcionó, sino que se ha convertido
en mi absoluta obra animada de referencia. Por su tratamiento
de temas muy manidos como la relación hombre/máquina
y realidad/ficción desde un punto de vista que sabe
a nuevo; por la absoluta maestría que demuestra Oshii
a la hora contar historias; porque Kenji Kawai compone
una perfecta continuación a la partitura del film original;
y porque con esta película, Oshii ha llegado a unos
niveles de calidad artística en animación que en occidente
no tienen reflejo.
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| Innocence:
Ghost in the Shell 2 |
Jonathan Glazer forma parte de toda una generación
de directores de anuncios de televisión y videos musicales
que han sido recibidos por Hollywood con los brazos
abiertos. Presentó en Sitges su segunda película Reencarnación
(Birth, 2004). Un film en el que Glazer juguetea
en el terreno de lo fantástico y emite ecos de La
semilla del diablo (Rosemary's Baby,
1968. Roman Polanski). Rodada con una precisión formal
admirable, arriesgando incluso a la hora de sostener
un plano del rostro de Nicole Kidman estirándolo más
allá de los 2 minutos.
The Birthday (2004.
Eugenio Mira) es un perro verde dentro de la cinematografía
española. La propuesta, de la que me interesa la primera
media hora, me aburren los siguientes cincuenta y cinco
minutos, y me hastían los últimos quince, debe ser reseñada
en esta crónica porque a pesar de que el producto final
no me convence, tanto la película como su director Eugenio
Mira, se merecen mis respetos por haberse salido de
las normas de una industria (la española) que hace mucho
tiempo que dejó de sorprender.
No acudí al pase de Código
46 (Code 46, 2003) de Michael Winterbottom,
pues ya había tenido oportunidad de verla hace un par
de años en el Festival de Cine de San Sebastián y no
me había dejado demasiado satisfecho. Lo que más me
interesaba de la película ya estaba en Blade
Runner (1982. Ridley Scott) y Gattaca
(1997. Andrew Niccol). Por lo que me comentaron el montaje
que pasaron era diferente al que yo había visto y será
el que se estrene en España. Tiempo habrá pues de que
cambie mi opinión o me reafirme.
Izo (2004) es la
mayor barbaridad tanto temáticamente como formalmente
que le reconozco por el momento a Takashi Miike (aunque
confieso que sólo he visto una docena de sus más de
sesenta películas). Una cinta que juega a acumular situaciones
repetitivas, y donde la violencia llega a adquirir unos
límites de absurdo que llega por hastiar hasta al propio
protagonista de la misma, como si éste fuera capaz de
ver a través de los ojos del espectador.
Old Boy (2003) es
la segunda parte de la Trilogía de la venganza de Park
Chan-wook, un cineasta que en palabras de Manuel Yañez
-en su imprescindible artículo La
distribución en España:
notas sobre un cine invisible(1)-
«es la asimilación por parte de un coreano de ciertas
formas y patrones argumentales del cine comercial americano».
Y es que a pesar de que la película me interesa y entretiene
a partes iguales, no le reconozco méritos artísticos
adicionales.
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| Vital |
Secciones Paralelas
El resto de secciones del Festival tiene un buen puñado
de interesantes películas. Con el fin de no hacer
perder el tiempo al lector, sólo comentaré
las que me resultaron más interesantes.
Han pasado dos años desde la última vez
que tuvimos noticias de Shinya Tsukamoto. Fue con la
estupenda A snake of June
(Rokugatsu no hebi, 2002). En el festival pudimos
ver sus dos últimos trabajos: el de actor en
la olvidable Marebito
(2004) —dirigida por el prescindible Takashi Ju-on
Shimizu—; y el de director en Vital
(2004). Está protagonizada por Tadanobu Asano
—que el año pasado ganó el premio
al mejor actor por Zatoichi
(Zatôichi, 2003. Takeshi Kitano)—,
un joven que tras un accidente pierde la memoria. Decide
volver a estudiar medicina y comienza a sentir una extraña
obsesión por las prácticas de disección
y el cadáver con el que realiza el trabajo.
Takashi Miike presentó otra película en
el festival (algo bastante habitual, habida cuenta que
en los últimos dos años ha rodado nueve
películas). Se trata de Zebraman
(2004), donde realiza una divertidísima parodia
de los seriales televisivos de superhéroes como
Ultraman, Bioman y tantos otros. Lo
cierto es que como divertimento funciona (el momento
de la Zebranurse es impagable) y Miike se encarga
de dejar la marca de la casa con el habitual final desmedido.
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| Samaria |
Dos películas trataron el problema de la prostitución
adolescente en Japón de muy diferente forma. En Tokio
Noir (2004. Masato Ishioka y Naoto Kumazawa)
protagoniza el segundo de los tres episodios de que
consta la película. Narra la historia de una adolescente
que divide su tiempo entre ir a clase y el trabajo en
un salón de masajes. La motivación es el dinero, con
el que puede satisfacer sus necesidades consumistas:
como ir vestida a la última moda.
También lo hacen por dinero, pero la motivación es
completamente distinta. Su objetivo es viajar a Europa
y huir de un Japón que no comprende su amor. Son las
protagonistas adolescentes de Samaria
(2004), de la que me atrevo a afirmar sin rubor que
es la mejor película de Kim Ki-duk desde Bad
Guy (Nabbeun namja, 2001).
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| Tropical Malady |
Y es justo dejar para el final la película que corre
en boca de la cinefilia mundial. Tropical
Malady (Sud pralad, 2004.Apichatpong
Weerasethakul), una película que te recibe con los brazos
abiertos, te absorbe, te retiene, te agita y por último
te devuelve suavemente a la realidad. Un fascinante
paseo por Tailandia y sus leyendas. Cine de descubrimiento.
Hubo más películas, pero no es mi intención ni ser
exhaustivo ni realizar una lista de películas que
me gustaron y películas que no. Para terminar esta
crónica,
un deseo. Que dentro de un año me encuentre delante
del ordenador, tecleando en el procesador de textos:
«Crónica Sitges 2005».
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