Matthew Barney es un artista multimedia que no cree en la diferenciación
entre disciplinas y busca siempre combinar en sus obras todo tipo de técnicas y
expresiones artísticas: instalaciones audiovisuales, esculturas, dibujos,
fotografías, etc. El cremaster es un músculo del aparato genital masculino que
mantiene suspendidos los testículos y permite su movimiento retráctil ante
estimulaciones externas como cambios bruscos de temperatura, la excitación o el
miedo. El encuentro entre estos dos elementos supone una gestación de ocho años
de un fastuoso ciclo compuesto por cinco películas y cientos de diseños,
dibujos, esculturas, reproducciones, prendas de ropa y objetos destinados a ser
expuestos una vez utilizados para la realización de los films. Sin la intención
de seguir un orden cronológico en el rodaje y exhibición de los episodios del
ciclo
(1)
ni en su duración —va de los 40 minutos de
Cremaster 1
hasta los 182 de
Cremaster 3—, Barney crea toda una serie de
universos impactantes, bellos, barrocos y agobiantes para exponer su visión de
la traumática experiencia que conlleva la ruptura de un equilibrio original.
Para ello se sirve de las nueve semanas que suele tardar en aparecer la
distinción sexual en un feto desde que es concebido, siendo esta representada
por el descenso del cremaster dentro del organismo. En
Cremaster 1
el músculo estaría en su posición más alta, lo que establece una situación de
equilibrio donde no existe la diferenciación genital; en
Cremaster 5
el cremaster termina de descender y aparecen los testículos. Barney ve todo el
proceso como un camino traumático donde el organismo intenta retomar su
posición de equilibrio inicial, que es representada con la jovialidad, alegría
y ligereza de un baile de animadoras, frente a la fatalidad y pesadumbre del
último episodio, realizado con las formas de una ópera trágica.
Cremaster 1
Como marco del primer capítulo de su obra el director elige el Bronco Stadium
de la localidad de Boise, en Idaho, donde él mismo jugó durante su
adolescencia. Este episodio presenta el momento de máxima ascensión del
cremaster, la indiferenciación sexual primaria. Para resaltar la ausencia de
una identidad masculina todos los personajes son femeninos y, consecuentemente,
este es el único film donde Barney no interpreta a ningún personaje. La alta
posición del cremaster viene representada por el vuelo de dos dirigibles de Año
Nuevo —que ya dan la bienvenida a algo nuevo que está naciendo, la identidad
sexual del feto— en los que, simultáneamente, se encuentra la protagonista del
episodio. La dualidad de este personaje indica una situación de potencial, en
la que el feto puede terminar siendo de sexo masculino o femenino. La película
concluye con la configuración, mediante uvas y su correlación con las
bailarinas, de una estructura gonadal andrógina, de sexo indeterminado, y con
la protagonista sentada en un trono esperando plácida y delicadamente el inicio
del proceso de transformación.
Cremaster 2
Pero la diferenciación no es un camino tan fácil y placentero, Barney da a toda
ruptura de un equilibrio establecido dosis de violencia fruto de los esfuerzos
del organismo por detener el proceso. Este segundo capítulo refleja esos
intentos de echar atrás el proceso ya iniciado con la narración paralela de dos
historias muy distanciadas en el tiempo. Por un lado está Gary Gilmore, un
mormón sentenciado y ejecutado en 1977 por el asesinato del encargado de un
hotel y el empleado de una gasolinera de Utah. El caso gozó de una grandísima
repercusión mediática en su país al tratarse de la primera ejecución en Estados
Unidos tras la reinstauración de la pena de muerte el año anterior; los
mormones también se vieron muy salpicados por el escándalo debido a que las
víctimas de Gilmore eran de su misma confesión. Por otra parte está la
recreación de la actuación del mago Houdini en la Exposición Mundial de Chicago
de 1893. La relación que establece Barney entre estos dos personajes viene dada
por afirmaciones de la abuela de Gary Gilmore asegurando haber mantenido
relaciones con el famoso mago húngaro, lo que le convertiría en abuelo del
asesino. Esta correlación, que permite a Barney explorar algunos de los
símbolos mormones —y recrear digitalmente al Coro del Tabernáculo Mormón— tiene
como objeto establecer una analogía con la vida de las abejas. Concebido como
un zángano, destinado a morir tras aparearse con la reina abeja, Gilmore no
puede escapar de su trágico destino —de la misma forma que el feto no puede
escapar de su diferenciación sexual—; sin embargo, Houdini, al haber
desarrollado su capacidad de metamorfosis para liberarse de las cadenas que le
sujetan durante sus actuaciones, puede intentar cambiar su sexo y ambicionar el
poder de la Reina, presentada en la película como la abuela de Gilmore y
representación del estado no masculino del feto, por lo que ésta intentará
seducir a Houdini para detener el proceso de bajada del cremaster, su pérdida
de poder.
La importancia de los escenarios y los paisajes que rodean a los personajes es
determinante a lo largo de todo el ciclo. Para recrear la ejecución de Gilmore,
Barney decide rodarla en un rodeo enclavado en las Llanuras de Sal de
Bonneville, mientras paralelamente Houdini lleva a cabo su número de escapismo.
Pero el paisaje más importante en este
Cremaster 2
son los impresionantes glaciares de Columbia Icefields, bellísimamente
fotografiados y muchas veces presentados como imágenes especulares que
transmiten la idea de la simetría que está siendo rota por el descenso del
cremaster. Pueden ser las imágenes más evocadoras de todo el ciclo, y las que
mejor expresan la situación de equilibrio que se pierde con el transcurso de
los episodios. El movimiento cíclico de avance y retroceso al que nos hemos
referido antes también está apuntado por una pareja que baila la danza tejana
de dos pasos, uno hacia delante y otro hacia atrás, exactamente igual que el
ritmo que da Barney a la película con su montaje paralelo. No obstante, la
narración circular de esta historia, plagada de flash-backs y flash-forwards,
solamente es una muestra del estilo narrativo que impera a lo largo de todo el
ciclo.
Cremaster 3
Cremaster 3
es el episodio central del ciclo y el más ambicioso tanto temáticamente como en
duración. Además, fue el último en ser rodado, por lo que su impresionante
majestuosidad encierra todas las obsesiones y puntos clave del conjunto de la
obra. Su estructura circular gira constantemente en torno a dos números: el
tres y el cinco. Es el tercer capítulo, trata tres temas principales: la
construcción en 1930 del edificio Chrysler en Nueva York, la participación de
la mafia masona-irlandesa en la industria de la construcción de la época y la
leyenda celta que narra la formación del Paso de los Gigantes (Giant's
Causeway) en la costa irlandesa y el nacimiento de la Isla de Man, tres son los
grados de aprendizaje masones... En cuanto al 5, como consecuencia de su
exploración de la idea de narcisismo, este episodio aparece repleto de
referencias simbólicas al los cinco capítulos del ciclo: cinco coches Chrysler
Crown Imperials embisten a un Chrysler Imperial New Yorker en el hall del
edificio, cinco caballos (cadáveres) corren en el hipódromo —cada uno ataviado
con el emblema de un episodio—, cinco son los niveles que debe superar el
aprendiz en The Order, representando los cinco puntos del compañerismo masón,
al final el arquitecto lleva cinco ramilletes de flores relacionadas cada una
con uno de los filmes, etc.
Simbolismos numéricos aparte,
Cremaster 3
logra mediante la combinación de sus imágenes una admirable sucesión de
atmósferas del todo contrapuestas: desde el frío sabor mitológico de la costa
irlandesa hasta el agobiante y aterrador espacio de tierra debajo del edifico
Chrysler, pasando por su inquietante hall, el relajador pub y la festiva
secuencia The Order rodada en el Museo Guggenheim de Nueva York. ¡Si hasta hay
una brillante escena de pura comedia slapstick donde entran en juego cerveza,
espuma, la inclinación del edificio producida por trozos de patata (!) y un
gato!
La presencia de Irlanda se hace fundamental por la gran cantidad de obreros
irlandeses que trabajaron en la construcción del edificio Chrysler. La
simbología irlandesa se entremezcla con la masona en casi cada esquina de la
película. Los colores verde y naranja, pertenecientes a su bandera, dominan
muchas veces la imagen; la banda sonora, de reminiscencias celtas, incluye
canciones cantadas en gaélico por el tenor irlandés Paul Brady. Además, el pub
del edificio donde el camarero intenta infructuosamente servir una Guiness al
aprendiz interpretado por Matthew Barney —de descendencia irlandesa— tiene una
apariencia típicamente irlandesa.

La historia de
Cremaster 3, pese a encontrarse parcialmente
alejada de la temática biológica del ciclo, es de lo más interesante. Presenta
a Barney como un masón aprendiz que trabaja en la construcción del edificio
Chrysler y que ansía llegar al grado de Jefe Masón, simbolizado por el
arquitecto del rascacielos. Su camino hacia el mayor grado de la masonería es
ascender el propio edificio hasta el último piso, donde debe encontrarse con el
arquitecto. Sin embargo, un grupo de masones mafiosos intentarán neutralizarle
para impedir que suplante a su jefe. Para conseguir su objetivo el aprendiz
deberá ir superando una serie de pruebas y grados de aprendizaje, representados
por los niveles de The Order, siendo el más importante de ellos el tercero,
correspondiente al Cremaster 3 —el narcisismo de nuevo—: Barney debe
enfrentarse a un personaje conocido como la novicia, es decir, a su propio
proceso de aprendizaje, que, casualmente, está representado por una mujer, por
lo que, en la lógica del ciclo, la diferenciación sexual estaría luchando por
última vez contra la vuelta al equilibrio original. Finalmente, el aprendiz
mata a la mujer asestándole golpes con tres herramientas diferentes como un
martillo o una paleta, símbolos de la masonería. Al mismo tiempo que acaba con
la novicia en The Order, golpea también al arquitecto en lo más alto del
rascacielos Chrysler, justo debajo de su aguja. Momentos antes el arquitecto
había sufrido una singular comunión con el edificio, una definitiva unión entre
el autor y su obra, por lo que, en un último intento de defensa, el propio
rascacielos se rebela contra el aprendiz y hunde la base de su aguja en su
cabeza.
Con este trágico e intrigante final termina
Cremaster 3, no sin antes concluir el mito
celta que explica la génesis de la Isla de Man
(2), que será el único escenario de
Cremaster 4.
Cremaster 4
Este cuarto episodio también presenta una relación muy estrecha con el número
que le corresponde dentro del ciclo. Para empezar, se desarrolla enteramente en
la Isla de Man, que se encuentra encerrada entre cuatro regiones: Inglaterra,
Gales, Escocia e Irlanda. Su protagonista representa a un humanoide carnero
Loughton (Loughton Ram), una especie autóctona de la isla que tiene cuatro
cuernos. La película retoma la dimensión biológica del ciclo y presenta el
enésimo deseo de vuelta al equilibrio, ahora ya una vez que el descenso del
cremaster y la asunción de la masculinidad son inevitables. Por ello, retomando
la estructura de avance y retroceso dada por la danza tejana de dos pasos en
Cremaster 2,
Cremaster 4
utiliza los conceptos de subida y bajada, ascensión y descenso. Dos equipos del
campeonato de motociclismo Tourist Trophy de la isla representan dichas ideas,
iniciando una carrera a lo largo de la isla uno hacia arriba y otro hacia
abajo. Simbolizando el ascenso o descenso del cremaster, el equipo que toma el
camino de subida sufre un accidente y choca contra una pared de tierra; en
cambio, el equipo descendente cambia una rueda por otra de apariencia carnosa
de la que cuelgan dos testículos: el camino de bajada, el equipo ganador, lleva
directamente a la masculinidad. En el tramo final se muestra la formación del escroto mediante la separación de los testículos, que aparecen envueltos en vaselina y manipulados por herramientas metálicas que llevan a cabo la operación.
Cremaster 5
El quinto es el capítulo representado de forma más trágica y agónica, dado el
tratamiento que da Barney a la formación definitiva de los testículos y
consecución completa de la diferenciación sexual, como la pérdida irremediable
de la placentera situación anterior. Es por eso que el tono es duro y solemne,
con abundantes gotas de melancolía sonoras y visuales. La Reina de la Cadena es
el personaje principal, quien se lamenta cantando su recuerdo del momento en
que se despidió de su amado, dispuesto a arrojarse al río Danubio desde un
puente. Mientras canta desgarradoramente en el Teatro Nacional de la Ópera de
Budapest, por los Baños Gellert de la ciudad deambula un personaje masculino al
que unas hadas atan unas cintas al escroto. Las cintas sujetan una serie de
palomas, que en el climax final comienzan a volar y tirar de las cintas,
haciendo que el cremaster del hombre llegue al final de su recorrido y sus
testículos caigan, sumergiéndose en el agua de los baños. Es en ese momento
cuando la Reina rememora el salto al vacío de su amado, supuestamente un mago
ilusionista -recuerdo de la aparición de Houdini en
Cremaster 2- que buscaba la inmortalidad. La
evocación hace que la Reina colapse y caiga al suelo. Tras derrumbarse, pierde
el sentido y se prepara para reunirse con su amado: líquido sale de su boca y
cae sobre los baños, ficticiamente situados debajo del teatro. Al caer, la gota
se divide en dos, como la división testicular que acaba de tener lugar. Un mar
de perlas cubre toda la imagen, recordando a las uvas que aparecían en
Cremaster 1
como materia prima para formar la identidad sexual, completando de esta forma
la naturaleza circular del ciclo.
Espacio y tiempo
Ya hemos señalado varias veces que el
Cremaster Cycle
presenta una estructura circular, Muchas veces estos círculos de ida y vuelta
se encuentran entrelazados, como en el caso de
Cremaster 2, donde la actuación de Houdini en
Chicago en 1893 aparece mediante pequeñas pinceladas durante la historia del
arresto y ejecución de Gilmore en 1977 y domina toda la parte final de la
película. Barney no parece dar demasiada importancia al carácter cronológico
del tiempo, como ya indica el desordenado orden de rodaje de los episodios del
ciclo, para él lo importante son los acontecimientos, no el momento en que se
producen. Lo mismo se podría decir del espacio, pues los distintos escenarios
siempre parecen estar interconectados entre sí, lo que propicia la capacidad de
omnipresencia y duplicidad en muchos personajes: la protagonista de
Cremaster 1
se encuentra a la vez en cada uno de los dirigibles y en el estadio debajo de
ellos, en
Cremaster 4
tres hadas realizan múltiples actividades en distintos lugares al mismo tiempo,
vestidas de distinta forma en cada escenario. La falta de preocupación por la
coherencia espacial tiene su punto álgido en
Cremaster 3
cuando el aprendiz es atacado por los esbirros masones de la mafia. En vez de
situar la acción en el pub irlandés del rascacielos, Barney la encuadra en un
hipódromo en Saratoga Springs, exclusiva ciudad balnearia que en los años 30
era lugar de reunión de muchos miembros de la mafia cuando estaban en plena
huída de la justicia. El golpe que dan al aprendiz contra la valla en Saratoga
le hace sangrar inmediatamente en el pub del Chrysler. Este cambio de
escenario, además de darnos una mayor información sobre la implicación mafiosa
de los masones que aparecen en la película, aporta frescura a la imagen por el
cambio de escenario y, sobre todo, un punto de fuga de la historia que requiere
la atención del espectador y, quizás, su desconcierto, una cualidad muy valiosa
que el arte visual no debería olvidar con tanta facilidad.

Duplicados
Una de las obsesiones que recorren
Cremaster Cycle
es la voluntad de reproducción, la reinvención de determinados acontecimientos.
No solamente se trata de la narración del patético periplo vital del asesino
Gary Gilmore llevando hasta el extremo las referencias autobiográficas a su
persona
(3), ni la acertada recreación del mito celta de
Fionn y Fingal: en
Cremaster 3, la relación entre el aprendiz y
el arquitecto, además de simbolizar el camino recorrido por el músculo escrotal
y el proceso de iniciación masón, pretende recrear algunos puntos clave de la
leyenda fundacional del masonismo: el asesinato de Hiram Abiff, quien trabajó
en la construcción y decoración del Templo de Salomón. Hiram fue asesinado por
tres de sus compañeros -el aprendiz es atacado por tres mafiosos-. Abiff
también es conocido como el autor de las dos columnas de la entrada del templo,
en la película el arquitecto levanta dos columnas mediante piezas de metal para
ascender hasta el techo del rascacielos. Muchas veces el personaje principal
del capítulo también aparece duplicado: Gary Gilmore pretende ser una réplica
de Houdini, y el mago que aparece en
Cremaster 5, aparte de representar a Houdini
y rememorar el fin de su relación con la Reina Abeja de
Cremaster 2, tiene un doble en el teatro
donde canta la Reina de la Cadena. Este doble, que escala la pared del teatro,
cae al suelo y se rompe la cabeza contra el suelo en el mismo momento que el
mago salta del puente en el espacio etéreo evocado por la Reina a través de su
memoria. Un perfecto ejemplo de la interrelación entre espacios reales e
imaginados, tiempos presentes y pasados y personajes duplicados. Estos juegos
de identidades pueden servir para potenciar la familiaridad del espectador con
los personajes del ciclo, pero un artista como Barney no piensa primordialmente
en hacer su obra más entendible, por lo que seguramente habrá que decantarse
por interpretar que se trata de un ejemplo más de dos identidades que
coexisten, caminos diferentes pero iguales en esencia, que representan la doble
potencialidad sexual del feto aún no formado.
Referencias, simbolismos y hermetismo
Cremaster Cycle
es una obra que sustenta la mayor parte de su atractivo en la capacidad
evocadora —y sorpresiva— de sus imágenes, no cuenta una historia lineal que
mantenga la atención del espectador, ni busca su identificación con personajes
estereotipados que tienen intensos sentimientos o sufren grandes emociones. No
hay diálogos, salvo en la parte final de
Cremaster 2. La narración de Barney, pese a
su cualidad circular y profusión de flash-backs y flash-forwards,
es clara y fluida en su presentación de distintas acciones en escenarios
diferentes mediante el uso continuado de montajes en paralelo. Siguiendo un
esquema muy similar en todos los episodios, primero presenta de forma
intrigante pequeños fragmentos del personaje, objeto o situación que pretende
retratar -casi siempre planos detalle que se van sucediendo provocando la
extrañeza del espectador-, para proseguir dando ya una visión general del
conjunto que permite situar los elementos antes mostrados sólo sectorialmente.
Una interesante propuesta que resalta por una parte el valor del detalle y, al
mismo tiempo, la importancia de la visión completa y en perspectiva para
captar, si acaso de forma menos imperfecta, la realidad de las cosas —algo muy
practicado con brillantes resultados por Atom Egoyan en trabajos como
Family
Viewing
(1987),
Speaking Parts
(1989) o
El liquidador
(The adjuster, 1991)—.
Los elementos que pueden hacer del ciclo Cremaster un plato más difícil de
degustar son sus intrincados simbolismos, muy poco claros muchas veces y
alejados de los referentes habituales otras tantas. Sin embargo, no se puede
dejar de reconocer la labor de Barney para ensamblar todas las referencias que
maneja de forma que puedan dar una visión coherente del ciclo biológico que
pretende representar. Consigue dar la sensación de que todo tiene un porqué y
que nada está dejado al azar o carece de significado, aun cuando este puede ser
lo suficientemente retorcido o hermético como para averiguarlo tras sucesivos y
confusos visionados. Es el caso del papel de algunos personajes, como la joven
que corta patatas con sus zapatos en
Cremaster 3
y acumula los trozos debajo de la estructura de la barra del pub irlandés
desequilibrando el edificio. El director no suele dar ninguna pista al
espectador, que debe estrujarse y reflexionar para encontrar una explicación
razonable: ¿por qué el número destructivo de los Chrysler en el hall de
Cremaster 3? ¿por qué le introducen al aprendiz en la boca los restos del coche en el que
se había metido el cadáver que emergía del subsuelo del edificio? ¿metáfora de
la autodestrucción de todos los elementos del ciclo —cinco coches— debido al
sentido trágico que da Barney a la diferenciación sexual? ¿el cadáver femenino
representa la ya perdida esperanza de una situación de equilibrio asexual? ¿se
trata de Gilmore/Houdini finalmente metamorfoseado en mujer? Cada observador
tendrá que elaborar su propia respuesta... o ausencia de la misma, lo cual
también puede ser completamente válido.
En cualquier caso, queda claro que la voluntad de Barney no es que sus analogías
sean fácilmente reconocibles o identificables, tanto por su hermetismo a la
hora de exponerlas como por su capacidad para llegar lo más lejos posible en
ellas, haciéndolas muchas veces ya inalcanzables. Por ejemplo, en
Cremaster 2
la ejecución de Gary Gilmore es trasladada a las Llanuras de Sal de Bonneville,
donde es rodeado por un grupo de diez jinetes de la policía montada. Cada uno
de ellos lleva una bandera que representa a las tribus perdidas de Israel. Las
tribus eran originalmente doce, las dos no perdidas son las de los
descendientes de Judah, los judíos, como Houdini, y los de José, los mormones,
como Gilmore. Como se puede ver, Barney intenta que casi cada elemento que
aparece en su pentalogía fílmica tenga un significado preciso, y es tenaz en su
empeño: para representar la identidad como zángano de Gilmore, aparece en
Cremaster 2
un estudio de grabación donde zumba un enjambre de abejas mientras Dave
Lombardo (de la banda Slayer) toca la batería y Steve Tucker (de Morbid Angel)
grita por un teléfono también cubierto de abejas; esta secuencia simboliza la
última voluntad de Gilmore, que pidió hablar por teléfono con el cantante
Johnny Cash la noche anterior a su ejecución.
Funcionalidad
La aparición de los dos músicos anteriores es una muestra del meticuloso casting
que ha llevado a cabo Barney para enriquecer a los personajes de sus películas
con la esencia de los encargados de representarlos, siempre tratando de seguir
una lógica basada en la funcionalidad: para el papel del arquitecto de
Cremaster 3, nadie mejor que un arquitecto:
Richard Serra; para el camarero que ha de cantar en galeico, contrata al tenor
irlandés Paul Brady, etc. La atleta paraolímpica y modelo Aimee Mullins aparece
en distintos papeles en
Cremaster
3, siendo los más importantes los que tienen una relación directa con
sus rasgos más característicos: la amputación que sufren sus piernas cuando
representa a la joven que corta patatas en forma de cuña con sus zapatos, o su
condición de atleta —récord de 100 metros lisos y salto de longitud en los
Juegos Paraolímpicos de Atlanta 1996— cuando, interpretando a la novicia de The
Order, se transforma en una mujer-guepardo, considerado el mamífero más rápido
del mundo. Esta vuelve a ser otra muestra de la impecable atención que ha
tenido Barney con todos los detalles referentes a la realización del ciclo,
intentando conseguir siempre los elementos que más significado y posibilidad de
dobles, triples o incluso cuádruples lecturas aportaran
(4).
Música y sonidos
Tanto la música como la edición de sonido tienen una importancia fundamental a
la hora de crear las distintas atmósferas de los capítulos del ciclo, muchas
veces sirviéndose de la oposición entre sonidos agobiantes y ambientes
tranquilos y relajados. Jonathan Bepler es el compositor de la música de todas
las películas, salvo de
Cremaster 4, la cual, aparte de una breve
melodía de gaita al principio y al final, utiliza tan sólo los sonidos del
motor de las motos, el zapateado del baile del protagonista, la campana que
hacen sonar las hadas y el resuello de la brisa de la Isla de Man. El trabajo
de Bepler combina jovialidad y ligereza — Cremaster 1—
con composiciones más oscuras, atonales y cargadas de efectos —Cremaster 2—.
En Cremaster 3 crea sonidos agobiantes y desestabilizadores mediante zumbidos
prolongados y cuerdas deslizándose sostenidamente por tonos agudos. La
verdadera joya la constituyen las composiciones con reminiscencias irlandesas
que suenan fruto de la utilización de los cables del ascensor como las cuerdas
de un arpa y el aire de su hueco modulado por la apertura de sus puertas: la
unión de las gaitas con la voz de Paul Brany consigue crear una envolvente
brisa musical majestuosa, que termina contrastando con el estruendoso y
sostenido acompañamiento de la secuencia slapstick, también una
combinación de gaitas, cuerdas y sonidos puntuales que van apareciendo
suavemente hasta eclosionar en el caos de la escena. En el caso de
Cremaster 5, la propia estructura y
ambientación operística guían la música de Bepler hacia una trascendencia y
fatalidad más orquestal. La Orquesta Filarmónica de Budapest traza el
acompañamiento orquestal que encadena las emotivas arias que interpreta Ursula
Andress cargada de sentimiento mientras recuerda su trágica relación amorosa.
El público frente a Barney
Como hemos visto, el
Cremaster Cycle
responde casi enteramente a la ambición y dedicación de una persona, Matthew
Barney, su director, impulsor, protagonista —aunque no aparece en
Cremaster 1
(recordemos que todos los personajes son femeninos) protagoniza el resto de
películas e interpreta tres papeles diferentes en
Cremaster 5—, escritor, diseñador,
coreógrafo, en definitiva, todo un camino hacia la autoría integral
(5). No conviene olvidar que Barney no se considera
a sí mismo como un director de cine, sino como un artista multimedia que
pretende aunar todo tipo de posibilidades audiovisuales en la creación de sus
instalaciones artísticas destinadas a ser expuestas en museos o galerías. Las
películas que conforman el
Cremaster Cycle
son una parte más del conjunto de objetos, dibujos y fotografías que completan
el trabajo de Barney, de hecho, ellas mismas son, a su vez, el conjunto: el
resultado final de la comunión de todos los elementos puestos en juego por el
artista. Es por este motivo que el ciclo forma parte del basto cosmos de ese
cine invisible paralelo a los caminos de distribución habituales, no es posible
verlo fuera de proyecciones puntuales en galerías de arte, centros culturales,
festivales de cine o filmotecas. Además, según parece debido a problemas
derivados del opaco mundo del arte contemporáneo
(6), no está previsto que el ciclo haga su aparición
en formato dvd —sólamente existen los 30 minutos pertenecientes a The Order de
Cremaster 3—, lo que restringe aún más su
difusión. La aparente falta de narratividad —que no es otra cosa que una
narración escondida o recóndita, pero en ningún caso oculta— de las obras de
Barney puede inclinar a una gran parte del público hacia el tedio o el hartazgo
que produce contemplar una serie de imágenes que carecen completamente de
significado para uno mismo como espectador, pero lo cierto es que la capacidad
cuasi-hipnótica y embriagadora de sus imágenes resulta en muchas ocasiones
implacable. La obra de Barney es superlativamente personal, el recargamiento
estético de su universo y la excéntrica viscosidad orgánica de las criaturas
que lo habitan son dos elementos que van irremediablemente unidos a su visión
del arte. Quien no quiera untar con parte de la abundante vaselina que nos
ofrece su ciclo
(7)
algunos engranajes neuronales y dejarse llevar por su imaginación, densidad
semántica y asombro deberá buscar alternativas en otros conjuntos fílmicos.
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