Era 1905, y el cine ya no necesitaba ir más lejos. Esta obra de visión obligada, realizada por el cámara de Griffith, Billy Blitzer, tiene de todas y cada una de sus ambiciones, cada uno de sus defectos, anticipa la historia entera del cine. El objetivo de la película: hacer propaganda de la rapidez de la línea del metro de Nueva York que llevaba de la calle 14 a Grand Central en la calle 42, sin paradas. El metro lograba esto en seis minutos, al igual que la película. Un respeto por el tiempo real que también se propone comprender un espacio, su personalidad y el movimiento. Un único plano ininterrumpido, restringido al recorrido del tren. Cuando éste se mueve, nosotros nos movemos. Una pelicula autoreflexiva en la que el vagón/relámpago corre en la vía opuesta a nosotros. No se trata de ocultar, y el parpadeo que causan las columnas del túnel nos recuerda al del Zoetrope. ¡Ah, el dolor del cine! Hay que parar, cambiar el rollo. De una tirada, a 15 fotogramas por segundo, a 16, a 17, ¿son cinco minutos o seis?. La complejidad de esta manipulación no es deliberada. Y entonces finalmente llegamos a la estación, y hay gente, una recompensa por haber atravesado el tunel sombrío, la oscuridad, un final que es danza...
(N. del E.) Interior New York Subway puede verse aquí.
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